Qué es lo uno sin lo otro

| Por Alo Garcia |

No me encontraba en el camino siguiendo un motivo concreto, solo era un punto moviéndome en el tiempo y el espacio, podía enfrentarme a la llegada de cualquier lugar y cualquier momento, solo era mi persona adaptándose al paisaje. A la distancia atrapa mi vista, reluciente y varado en su propia realidad, sobre una escarpada colina encuentro, ornamentado en el orden de una constelación, esta obra tenía mi mano por todas partes, el resto del llano y vasto paisaje permanece sobrio a su alrededor, le construí un kiosco de rosales y sobre ellos detallados vitrales, un camino de hilos blancos y para aliviar el calor un cielo de estalactitas.

Un día un viento fresco sopló e hizo saltar los cristales contra las estalactitas, el travesaño cayó en mi tímpano y brotó por mi costilla, las estalactitas se mecían y una por una iban reventando, con los tobillos busqué de recovecos que pudieran escoltarme en la salida.

Volví a andar, volví rápidos mis pasos hasta que el paisaje en el que me encontraba no se parecía más y dormí arrullada por los púrpuras de la aurora y el romper de las olas. Por las mañanas como la brisa fría e inmóvil, por las noches respiro los sonidos chirriantes de las aves y los insectos hasta que la luna vuelve brillantes las copas de los árboles. Ya aprendí dónde están cada una de las conchas en la orilla del mar, lo mismo para las estrellas y los colores estacionales del paisaje, los días que noto que una se esfuma lo agrego en el recuento de mis días esperando haber comprendido finalmente los espacios en los que se albergan cada una de mis ilusiones.

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