Abortar, sanar

|Por Vianey Hernández|

Un dia de retraso normalmente pasaba desapercibido, dos incluso tres cuando no llevaba un registro riguroso, a la semana me arrastre  al calendario para revisar si no me había equivocado de semana ya que suelo ser distraída con las fechas,incluso le di una semana más porque creí que todas las hormonas que me inyectaban cada tres meses como método anticonceptivo podrían estar afectando mi ciclo pero sabía que algo no era normal, lo siguiente fueron olfato sensible, nauseas y mucho cansancio en ese punto fue imposible negarme a que solo se tratara de un retraso.

Mi pareja y yo habíamos tenido una charla, ninguno de los quería hijos, teníamos otros planes otros sueños decíamos mientras comparábamos la prueba de orina en el super,de inmediato dio positivo y empezamos a leer sobre el tema en internet, una amiga me recomendó acudir a Marie Stopes, llame, me dieron una cita y acudimos.

Era Sábado por la mañana así tendría todo el fin de semana para descansar, me pasaron a valoración y él se quedó afuera, no intentó preguntar si podía pasar conmigo al ultrasonido, me realizaron el procedimiento y me quede mucho tiempo en la sala de recuperación llorando porque me sentía realmente sola, no podía decirle a mi madre quien seguramente me hubiese dicho que me apoyaría, ni a mi padre que anhelaba mucho ser abuelo, tampoco a mis hermanos que eran muy pequeños, tampoco a mis amigas porque no hablábamos del tema, solamente quien me recomendó el lugar se hizo presente y por mensajes de texto estuvo pendiente, al salir mi pareja estaba impaciente ya que había tardado mucho tiempo y muchas chicas habían salido antes que yo, intente ser cool y retomar mi vida, sonreir porque era muy afortunada de poder elegir aunque no podía evitar el sentimiento de tristeza que inundaba.Así pasaba el tiempo y lo evadi hasta que no pude más hasta que  me alcanzó, en noches de desvelo, rompiendo en llanto sin razón, en crisis de ansiedad en el transporte público, en el trabajo, en una profunda depresión que me convirtió en otra persona.

Inevitablemente esa relación sexo-afectiva se terminó y yo le di otro rumbo a mi vida, comencé una carrera en Antropología Social donde me cambié las gafas, reflexione sobre aspectos que jamas me habia preguntado y que me cambiaron totalmente el panorama, además de ello mis amigas y compañeras de la carrera me ayudaron muchísimo a salir de ese círculo vicioso y por último coincidiendo en muchos espacios feministas donde pude conceptualizar, llorar, hablar, sacar todo lo que ese aborto había sido para mi, este es mi mayor logro poder nombrarlo y decirlo fuerte y claro sin temor.

Cuando descubrí las redes de acompañamiento no pude más que llorar, hace dos años que encontré a mi manada con las aborteras, me forme como acompañanta enriqueciendo las enseñanzas que me daban con mi propia experiencia, deseando que nunca más ninguna de nosotras pase por esto sola incluso al día de hoy escribiendo esto las lagrimas salen sin poder evitarlo, pero me abrazo,agradezco lo vivido y reconozco todo lo fuerte que fui y que soy y sigo acompañando.

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Ilustración @robineisenberg

Últimamente pienso mucho en la fuerza que la letra S tiene las palabras, los nombres, las formas que la llevan suelen tener gran resonancia por ello me parece muy hermoso que la temática sea “Sanación Sorora” ya que nosotras Sabemos cosas, Sentimos, Salvamos y Sanamos.

El proceso de sanación se da cuenta una esta lista pueden pasar meses o años pero cada una va a su propio, un dia navegando en la red encontre esto no tenia autor pero me llegó profundamente:

¿Cómo saber que una mujer sanó? … 

Primero tomó su dolor, lo vivió, lo lloró y lo resignificó, tanto, como para entender que hay más mujeres viviendo lo que ella vivió, y ahí sí, comienza un movimiento desde su dolor para transformarlo y convertirlo en sanación para las otras y de esta manera la reciprocidad de la sanación le regresa amor y autocuidado a ella, para toda su vida.

Diario de una exploración abortista

|Por Alondra García|

Hace un año me propuse una meta: explorar en trabajo de campo y hacer un ejercicio antropológico con la comunidad de mujeres que compartía el haber tenido un aborto, un tema taboo e intimidante aún para entrar en la discusión pública – académica. Los primeros avances que planee eran sencillos, navegar en ese amorfo y desconocido mar de experiencias privadas, y entonces partir desde donde esas voces se posicionan, desde sus realidades divergentes y marginadas, escuchar lo que comparten, lo que pueden enseñarnos a todes…

Ha sido hasta este punto donde he aprendido las cosas que tengo que criticarle al proceso epistémico, ahí donde continúa dándole una posición privilegiada al investigador social; 1) los planteamientos, la justificación validan el curso general de una investigación, chocan conmigo cuando la agenda abortista no va de la mano con la agenda academicista, 2) la evaluación es en base a los aportes de estudiar a tal o cual fenómeno social, chocan conmigo cuando no se le encuentra una utilidad a darle luz a unas realidades sobre otras, porque nunca va a ser importante generar conocimiento para con las mujeres, 3) el punto de partida consiste en paradigmas obsoletos basados en constructos culturales misóginos, coloniales, extractivistas y capitalistas, choca conmigo cuando el ojo, la visión de la debería partir me lleva a tener una visión negativa de las mujeres a las que escucho, con las que trabajo.

A rasgos generales me aparta de estar en un lugar de empatía y solidaridad con mis compañeras. Mi investigación se enfrenta a la privación que existe para las mujeres dentro del terreno del saber, hacia la autorepresentatividad (romper con los roles tradicionales que se le asignan a la mujer), y la autorreferencialidad (la capacidad de las mujeres de referirse a ella mismas en sus propios términos).

De manera inversa mi posicionamiento feminista me acompaña y compensa los pasos por el camino epistémico con sus herramientas siempre emancipatorias; la inclusión a la divergencia, la interseccionalidad, la resiliencia, la ternura radical y la sororidad. 

Estaré siempre agradecida con todas las hermanas que me permitieron entrar en sus vivencias corporales y cuando también emocionales. Con ello me trazaron un gran camino de claroscuros que me ha enseñado bastante sobre cómo las violencias que vive cada una de nosotras pueden complejizarse y nos permiten entender que si bien estamos en pie de lucha las unas con las otras, solamente lo estamos cuando cada una parte y se encuentra desde su propia unicidad.