El mundo sí gira alrededor de ti

|Por Ana Laura Cortés|

Julio 2020

El dos mil diecinueve fue mi año en muchos sentidos y este dos mil veinte se vislumbraba igual o mejor, pero la realidad es que he sentido que me vinieron a sentar de golpazo con el tema del coronavirus. Podría describirlo como una combinación de golpes boxísticos: empieza con dos jabs, le siguen un cros con gancho automático y termina con un uppercut directito en la boca del estómago. Me ha sacado el aire.
Sé que el coronavirus no vino a joderme el año solamente a mí, además, que estoy en un lugar privilegiado desde dónde puedo escribir esto. Pero vamos, mi vida sí gira en torno a mí, entonces vengo a contar un poco de esta reflexión encuarentenada.
Leí hace poco un tuit de una chica que decía algo como: “…le dije a mi papá que estaba deprimida y me dijo que me alegrara, pues era síntoma de que tenía trabajo, salud y podía dormir. Ya que, si no tuviera alguna de esas tres, no podría pensar si quiera que lo estaba, tendría qué chingarle para salir adelante…”. Tenía muchísimos likes y varios re-tuit.
Parecía que ella estaba muy convencida de lo que le dijo su papá, porque en el hilo en conversaciones con los que interactuaban con ella, decía también algo como que se dijo a sí misma: “deja de estar de payasa y chíngale”.
Me identifiqué de bote pronto, cuando leí el tuit inmediatamente me llevó a la mesa de mi casa cuando tenía siete u ocho años, estaba satisfecha con lo que ya había comido y mi mamá me decía: “los niños de x lugar no tienen qué comer y tú desperdiciando la comida”. Recuerdo que eso me remordía mucho la conciencia o algo parecido, muy similar a mi sentimiento con el tuit. Esta artimaña le era útil a mi mamá, a que por lo menos, hiciera el intento de terminarme la comida que me había preparado, pero no quitaba el hecho de que me la comía a la fuerza y que a veces hasta me empachada.

Imagen: Freepik


Le di mil vueltas en mi cabeza al tema, traté de pensarlo en todas las formas posibles, de contrastarlo de manera superficial con algunas corrientes filosóficas sobre mi responsabilidad en la sociedad y el sentimiento de culpa por el sistema en el que vivimos y llegué a una reflexión que podría serle útil a alguna de ustedes que se ha detenido a leer esto.
Minimizar las cosas que nos suceden en nuestra individualidad por lo que sucede afuera y no está en nuestro control, o bien, no somos responsables directos; puede ser un error que nos podría atraer varias cosas insostenibles en un futuro: negaciones, sentimientos de desesperación e inclusive enfermedades.
No quiero decir con esto que una deba ser egoísta y que no nos importe lo que las otras y los otros están pasando, pero no deberíamos cargar con lo que no nos corresponde y no está en nuestras manos. Nuestros sentimientos son importantes, sentirse deprimida no es un signo de egoísmo, es un signo de alerta.
Yo no puedo darles empleo a todas las personas que no lo tienen o lo perdieron durante este periodo, tampoco puedo darles de comer o velar por su bienestar. No está en mis manos. Pero sí puedo contribuir a hacer una mejor sociedad, colaborando con lo que está a mi alcance, siendo buena ciudadana, exigiendo rendición de cuentas, políticas públicas, aportando desde mi experiencia o la forma en la que puedo contribuir, construyendo vida en sororidad.
La exigencia económica y social nos lleva al borde de buscar la mejor forma de ser productivas, y durante este periodo se ha visto de la peor manera. He visto en redes sociales hasta check list de las cosas que “deberíamos lograr” durante esta cuarentena. Todo de tal forma que no haya oportunidad de sentarse a reflexionar o cuestionar la propia realidad, nuestra propia realidad.
No deberíamos minimizar tan fácilmente nuestra individualidad porque de ahí deriva el todo. Si no estamos sanas, si no nos sentimos bien, tampoco podemos hacer bien y ser sanas con la comunidad.
El mundo no gira alrededor de nuestra individualidad, efectivamente. Pero nosotras sí giramos en torno a nuestra propia vida. Ser atentas con las señales de alerta y tomarnos el tiempo para sanar y buscar ayuda.
No encontré nuevamente el tuit para compartir mi reflexión, ojalá la reflexión le pudiera llegar de alguna forma, aunque es posible que no tenga el mismo valor que las palabras de su papá, quizás al menos se puede cuestionar un poquito otra visión del tema.

Pirámide de las necesidades de la salud mental

|Por Ailed Ciapara|

Probablemente alguna vez escuchaste hablar de la pirámide de necesidades de Maslow, una teoría psicológica que plantea una jerarquía de las necesidades humanas donde las más básicas (fisiológicas) son las que se encuentran en la parte inferior, como la respiración, alimento, descanso, etc., seguidas por necesidades más complejas como seguridad, afecto, pertenencia, reconocimiento, hasta llegar a la cima, donde se encuentra: la Autorealización. Se entiende así que para poder cubrir esta, tendrías que haber cubierto previamente el resto de las necesidades.

El giro que le da la artista sueca Matilda (@crazyheadcomics) a esta pirámide es en relación a su salud mental y es importante que hablemos de ello ya que aunque la experiencia de cada persona sobre su salud mental es diferente, sin salud mental, simplemente no hay salud. Por eso es crucial identificar nuestras necesidades y preguntarnos si de verdad nos estamos ocupando de ellas.

“Estas son todas las cosas en las que quiero trabajar para lograr sentirme lo mejor posible. En la base, pongo las necesidades más básicas para mi bienestar mental: apoyo, tratamiento y sueño. En un buen día de salud mental puedo alcanzar a cubrir todas estas necesidades, sin embargo, la mayoría de los días se puede y está bien. Nuestro viaje de salud mental es un camino lleno de altibajos y la felicidad nunca puede ser constante”. (@crazyheadcomics 2019)

Imagen original de @crazyheadcomics/ Tradicción de @plumassororas

Empecemos por el apoyo. Cuando una persona se siente apoyada ya no se siente sola y, en consecuencia, el estigma que tiene internalizado sobre su propia salud mental  disminuye, esto le permite buscar la ayuda y el tratamiento que necesita, ya sea psicoterapia, tratamiento psiquiátrico, terapias holísticas, acompañamiento emocional, lo que necesite. Ya estando ahí empezará a valorar la importancia del descanso adecuado, modificará su higiene de sueño, aprenderá estrategias de afrontamiento, procurará relaciones saludables, practicará la autocompasión, el autocuidado, incluso aprenderá a usar el humor a su favor, será una persona empática con sí misma y sanará. Sólo así nacerá la esperanza. 

La esperanza sólo aparece cuando entendemos el impacto que tienen nuestros pensamientos y emociones en nuestra vida diaria, cuando nos acercamos a esa posible estabilidad, a esa salud mental.

Atender nuestras necesidades de salud mental no significa que no pasemos malos ratos ni experimentemos problemas emocionales. Todas las personas pasamos por decepciones, pérdidas y cambios. Todos los días nos enfrentamos a un mundo que celebra lo neurotípico, lo binario, lo violento y esto claro que nos genera impotencia, tristeza, ansiedad y estrés. Pero así como las personas físicamente sanas pueden recuperarse mejor de una enfermedad o lesión, las personas que atienden su salud mental pueden recuperarse mejor de la adversidad, el trauma y el estrés.