Sanación financiera

|Por Miriam Puente|

En estos tiempos, el cuidado y la sanación se extienden a todo nuestro ser, y eso incluye nuestras finanzas. Hago uso de la sabiduría ancestral de mi abuelita, y mi madre, recordando su inmortal frase cada vez que siento la tentación de gastar un poco más de la cuenta en las engañosas «ofertas» (las HOT SALES de último minuto, y los falsos 2 x1) de objetos innecesarios. Esto es más que suficiente para sanar mi cartera de manera preventiva.

Invisible

[Por Daniela Aguirre Torres]

No tengo un texto, pero sí una ilustración, que es parte de una serie de ilustraciones en las que trabajé durante la cuarentena total en mi país. Soy artista autodidacta, pero no vivo (económicamente) del arte. El dibujo, la pintura, las ilustraciones, a lo largo de mi vida, me han servido para sobrellevar los tiempos de crisis, tanto personales como sociales. Es un acompañamiento y una catarsis a la vez, donde la corporalidad, las emociones y los significados diversos de ser (de mi ser) mujer han permeado de diferentes maneras, desde la mano, el pincel hasta el papel.

Soy una mujer adulta escondida en los pensamientos de mi yo adolescente.

[Paulina Angélica Ramírez]

Veo a mi alrededor y me puedo encontrar con mi título universitario, con amigos de años, con una mejor relación con mi madre o con un trabajo que me llena, pero… pero cuando miro dentro de mí, me encuentro con las inseguridades de mi yo de trece, sin superarse. 

Años de terapia que no sirvieron, ¿por qué? ¿no soy lo suficientemente buena? Pero sí lo soy, ¿no? Fui la mejor de mi clase, he ganado concursos de conocimientos y reconozco que inteligente sí soy. Sin embargo, mi yo de 15 me mira al espejo cada noche y dice:

“Yo no quiero verme así a los 23”. 

¿Y por qué no?

“No quiero ser gorda”.

GORDA

GORDA

GORDA

GORDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Ya escucho a mis amigas decirme que no es cierto, que un peso no define quien eres… es más, me veo a mi misma publicando historias en Instagram de self love. Y lo hago, lo hago con el propósito de que mis amigas, mis allegadas, mis conocidas, mis TODAS, no se sientan como yo.

A veces es limitante perseguir mis sueños porque sé que mi yo de 17, la que no comía, la que casi se desmayaba al hacer ejercicio o la que juraba que a los 23 ya tendría un cuerpo de envidia… no lo tiene en el futuro. 

Y me siento mal, no tienen idea de lo mal que me siento, porque soy una hipócrita conmigo misma. Porque me digo a mi misma al despertar que yo puedo. Y al final del día… no haber podido.

No puedo entenderme.

No puedo no llorar al amar los cuerpos de mis ancestras y odiar el mío, ¿por qué no amar algo heredado, algo que fue construido con historias y cicatrices de mis abuelas y mi madre?

Quisiera que mi yo de 4 jamás escuchara los comentarios de su cuerpo. Quisiera cuidarme a mi misma, abrazarme y decirme que no importa lo que los demás digan, lo que la ropa diga, lo que las modelos digan… que importa más lo de adentro. 

Pero hoy, a mis 23, todavía le hago caso a las miradas de asco que me dan en la calle. A los comentarios de hombres diciendo que jamás seré amada a mi peso por alguien más. A los comentarios de chicas diciendo que prefieren parejas delgadas.

Siento que nadie me amará… porque nunca aprendí qué es amarse a sí misma.

-Angie

De mi para mi, y para cualquiera que lo necesite

|Elsa Maile Landa|

Te extraño, me gustaría verte sonreír nuevamente con esa alegría que tanto te ha caracterizado toda la vida, no sé qué fue de esas larga pláticas que solíamos tener preguntándonos cómo funciona el interior de una cámara o una usb, y no por qué la sociedad es así. Extraño las largas tardes leyendo en silencio bajo la sombra de un árbol o con el leve murmullo del mar. ¿Te acuerdas de lo mucho que te gustaba caminar por las calles sintiendo como el aire jugaba con tu cabello y los holanes de tu vestido?

Algunas veces tengo miedo que esa que eras no regrese jamás, no me imagino una vida que valga la pena sin esa curiosidad tuya y esas ganas de conocer al mundo que te impulsaban a seguir de pie incluso cuando todos decían que era solo una locura. Sé que las cosas no han salido como esperabas y que los obstáculos que te esperaban en el mundo eran más y más grandes de los que pudiste predecir alguna vez; sé que te sientes
cansada y preocupada por todo lo que está pasando y que algunas veces parece que todo el mundo se está cayendo a pedazos a tu alrededor sin que puedas hacer nada.

Yo sé que no es fácil para ti en este momento encontrar el lado positivo de las cosas; que tus silencios no hacen más que guardar un mar de emociones, de problemas que prefieres callar por miedo a molestar a los demás; que muchas veces prefieres bajar la mirada para disimular las lagrimas que se juntan en tus ojos al ver las injusticias que se dan en el mundo, al escuchar las palabras de las personas que juzgan y lastiman en lugar de abrir sus corazones a los demás. Yo entiendo que ahora todo aquello que surgía naturalmente se ha convertido en un peso y en una responsabilidad. Me preocupa darme cuenta de lo mucho que te exiges por miedo a que las personas se den cuenta de lo triste que te sientes por dentro.

Te extraño, extraño a la niña que corría por los pasillos, extraño a la que cantaba por la vida con la canción que sonara por la calle, a la mujer que tenía claras sus metas y los planes para alcanzarlas, a la que salía de fiesta y a la que se quedaba en la casa por decisión propia. Extraño a todas versiones que hemos sido, pero también entiendo a la que somos ahora y te puedo decir que estoy aprendiendo mucho de ella, de su fuerza, de
su entereza y su capacidad para planear una nueva estrategia cada vez que falla la anterior.

Aunque la vida nos ha tomado por sorpresa, te puedo decir que tal vez es el momento de escuchar y de escucharte, de observar y aprender, de notar quienes han estado a tu lado y qué, de todo lo que era la vida antes te llenaba de verdad. Extraño la sonrisa que veía en el espejo hace unos años, esa sonrisa que estoy segura de que después de todo lo que hemos pasado será incluso más radiante.

Cuando leas esto recuerda que hay muchas personas que, como yo, te extrañan; pero que estamos dispuestas a esperar que estés preparada para volver a caminar, a cantar, a jugar con el viento y dejar que la vida te mueva; porque vas a volver y lo harás más fuerte, más segura y más tu.

Atte.

Esa voz interior a la que a veces se te olvida escuchar.