Nacimiento

|Por Daniela Morales|

He sido concebida por un aroma floral.

Es tu perfume igual al mío

            estamos unidas

               piel a piel.

Pétalo de tu arbusto, 

un lima pálido, más tarde flor.

Tu pecho es mi almohada y tus brazos mi cama.

Mi boca a media luna pide tu seno,

cual cielo percibo suave y tibio.

Simulo nubes tus puntas

de las cuales mamo el néctar natural. 

De noche tus cabellos cobijan 

cantan y arrullan a mis ojos:

par de ventanas en invierno por tus labios de ave.

Y aunque mis manos hacen el papel de voz,

podría cambiarte el nombre 

y llamarte madre con tan solo tocar tu rostro. 

Ecdisis mordaz

|Por Ana Victoria|

De un agujero imágenes salientes, tan transparentes y calientes recién nacidas del proceso que uno siente, memorias contenidas de las personas que se tienen. 

Solías estar postrada en la suavidad de la calma, obstruyendo el temor en carne y mente, con el sereno rozando tus pies suavemente; acompasados dados te acompañaban en ese viaje que dabas, aquel donde inmortalicé a ambas. 

Seguías, seguías aquí, muy cerca de mí, con tu lengua árida que, a pesar de las noches revueltas, seguía moviéndose pasivamente en el camino de mis venas. 

Fuimos allá acompañadas, con ratos y tragos desesperados; tu lengua seca y reconcorosa lastimando todo lo que solía ser, para así quemarte a ti también. 

Cuando el ave mayor tocó tus llagas tenías puesta tu larga batalla, arreglada y con tus pupilas volteadas tomaste forma humana, te sentí plena, completa y llena; tu lengua desfigurada se camuflaba con la mía, haciéndose una misma. 

Estás conmigo en todos mis días, pero ahora es diferente, veo mi reflejo y el tuyo compactados en un ente. 

El hedor de nuestra sangre es cada vez más pesado, nos movemos en los ínfimos rincones de los pasajes sagrados, nuestra lengua puntiaguda degolla a los antes amados, para así tener recuerdo de nuestra unión, poder multiplicar en otros lo que nos pasó.

Mi testimonio como acompañante de aborto seguro

|Por Abril Violeta|

A casi dos años de acompañar en Las Borders, he decidido compartir mi experiencia y por qué me volví acompañante. En otoño del 2017 decidí capacitarme para acompañar por que experimente el miedo, el desconocimiento y la confusión de cuando se vive un embarazo no deseado, tuve ciertas asesorías pero ninguna fue tan puntual y de accesibilidad en mi ciudad por lo que tuve que viajar al país vecino. Cuando junto a mi compañera supe que habría una capacitación en Tijuana no lo dudamos y asistimos, creo que no hay una sola semana donde aprenda o visibilice algo nuevo entorno al aborto y los DSYR de las mujeres en Latinoamérica.

Al inicio tenía mucho miedo de que algún acompañamiento se complicaría o que me afectará el realizar acompañamientos, si bien no todos los acompañamientos han sido fáciles, adjudicó más a las cuestiones emocionales, vivir un embarazo no deseado es difícil, te encuentras en una posición muy vulnerable sumando que en casi todos los países de latinoamérica es ilegal, sin embargo, una vez que las mujeres pasan las dos semanas posteriores al aborto o un mes, ellas mismas te cuentan cómo van recuperando su vida, a ellas mismas, cómo ven nuevas oportunidades, me encanta cuando algunas buscan la manera de unirse a colectivas, a aprender a acompañar y sumarse a la lucha, el acompañamiento transforma, creo que lo que más ha permitido vivir el feminismo colectivo, al vivir la interseccionalidad a diario, reconocer mis privilegios y cómo ejercer la empatía y sorodidad desde la visibilidad de las intersecciones que atraviesan a cada mujer…cada mujer si es un mundo, un contexto, una realidad distinta, jamás son iguales, es maravilloso topar esto, si en momentos se vuelve cansado porque es compartir energía, pero se que en algún momento esto será más fructífero y seremos tantas que ninguna se agotará ya…mientras tanto buscar las maneras de sumar, que al final es eso el feminismo y el acompañamiento es un accionar feminista colectivo e individual.

Quizá no entendiste el último mensaje; me voy.

|Por Marlene Sosa|

Me levanto de la mesa, me retiro con la apuesta perdida. El destino queriéndome dar más cartas, la vida riéndose en mi cara sabiendo que las tuvo de ganas siempre y tú en la banca, con miedo a apostar. 

Te dejo un último mensaje, diciéndote que el último beso me supo a final. Que te diré fue mejor de lo que esperaba nuestro reencuentro, pero sin el suficiente presupuesto para una secuela. La parte uno y dos dejaron a los fan esperando más -a mí también-, pero tú sin disuadir el desarrollo del personaje, dejaste la drama antes de tiempo, lo suplimos con escenas flashback de relleno (di que no te matamos).

Sé que no me crees, que mis palabras son flojas y mis promesas débiles, pero por fortuna el espejo hoy me dio mi reflejo después de dos años, y en él ya no figurabas más. 

Me mandas un beso en emoji, lanzándolo como presa para que vuelva a caer, te dejo en visto, y decido eliminar tu conversación, con ella nuestras fotos, nuestras frases, nuestras peleas y palabras que nos dimos de amor, nuestras desveladas acompañadas del erotismo que en el momento no pudimos cumplir. 

Me deslindo de ti y de toda responsabilidad de dolor, me voy sonriendo, porque sin ti, la vida me sigue sabiendo a chocolate.

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