De colectiva a fábrica

|Por Betty Júpiter|

En mi primer día en una fábrica para la industria automotriz, una joven se acercó a mí y me dijo “¿Cuantos años crees que tengo?”. Yo le contesté que 35 años. Ella me dijo que tenía con tristeza: “24 años, me veo más grande porque la fábrica me quita mi energía”. Me recomendó que buscara un mejor trabajo, uno que no fuera tan agotador como el de la fábrica.

Cuando vivimos en una sociedad que se rige por medio de méritos y califica a las personas por puntuaciones, promedios y números. Sin estar conscientes, ese sistema se absorbe a los espacios de lucha que creamos las mujeres. Las colectivas son espacios de resistencias, pero; ¿Qué pasa cuando transportamos los valores del sistema capitalista patriarcal a el lugar de la rebelión y resistencia? Surgen prácticas inestables, desmotivaciones grupales o individuales y una comunicación unilateral. El papel de las colectivas en la organización de las actividades es fundamental. Estos espacios no deben de medir nuestra capacidad como activistas por nuestra capacidad para producir. Así como lo hacen las maquiladoras con sus trabajadoras.

Dentro de las colectivas también hay ocasiones en las cuales se quiere realizar actividades continuamente como en una línea de ensamblaje que no se detiene. El espacio para la reflexión es una oportunidad, para ver de cerca situaciones que requieren de atención. Retroalimentarnos mutuamente proporciona a la colectiva el diálogo y la experiencia de saberse con voz en un espacio. La reflexión nos hace sentirnos escuchadas y nos invita a escuchar de manera atenta y amable a las demás.

El sistema capitalista nos ha impuesto la educación y la comunicación irreflexiva. Para combatirlo nuestra comunicación y reflexiones deben ser profundas. Entre otras cosas, también nos han impuesto a herir por medio de la competencia y los dramas. Nuestros espacios deben de ir encontra de esto acuerpando nuestros dolores, y también sanando juntas. En mi ciudad, anteriormente escuché comentarios hacia compañeras como este; “Ya
se desentendió de la lucha, no vino a la marcha, no ha asistido a la reunión”. Sin embargo, esa compañera que no asistió, estaba realizando un acompañamiento u otra actividad de esa índole.

Necesitamos reflexionar sobre la falta de reconocimiento al trabajo que realizamos las mujeres. Ese trabajo que no se puede comprobar por medio de una foto para las redes sociales, porque son actividades incómodas para el sistema, o simplemente porque el feminismo no es el típico activismo de foto.

Lo preocupante es cuando la invisibilización se realiza en los espacios feministas o cuando una mujer en particular está buscando ejercer un papel protagónico dentro de este y la colectiva se vuelve un espacio con intereses de unas cuantas.

En un sistema económico que nos enseña a estar constantemente sometidas a la explotación e incluso a la autoexplotación. Nuestro deber como compañeras es ser empáticas con el tiempo y la vida de las demás. Cada una hace su parte y es importante.

El feminismo no es una maquiladora que tenga que entregar ciertos productos a fin de mes. El reconocimiento no nos lo van a regalar los medios misóginos, ni los partidos electorales feminicidas. En el activismo feminista no existe la empleada del mes.

Todo toma su tiempo, el movimiento de mujeres también. Es como las plantas que necesitan tiempo y agua para su maduración. Cuidarnos entre nosotras es esencial, cuestionar nuestras ideas, nuestra organización y estar abiertas a la autocrítica también es un paso fundamental y todo esto tiene que fluir dentro de nuestros contextos.

Hay que buscar espacios sanos y si no los hay, nunca es tarde para crearlos. Los trabajos que realizamos las mujeres, económicos y de crianza son exhaustos. De igual manera el activismo lo es, pero no deben tornarse gris como si estuviéramos dentro de una nave industrial.

En el camino por espacios sanos y que nos emancipe de las prácticas capitalistas, nos encontramos con mujeres que se toman el tiempo de conocernos y reconocernos. Donde el amor es revolucionario, la comprensión nos acerca más como hermanas y la rabia que nos
arde nos sirve para organizarnos y liberarnos de todas las imposiciones que nos hace estar en una ciudad industrializada que parece comerse la vida y también a las mujeres. Si la dinámica industrial se cuela a nuestro feminismo hay que romper con estos patrones: Los que tenemos interiorizados y con los que se sienten dueños de nosotras en la fábrica o en la oficina.

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Templo de lavandas

|Por Tania Escobar|

Un árbol seco
rueda hasta mis recuerdos
donde todas las mañanas
                                 Ella ha muerto.

La tierra llueve de mis ojos
al ver su retrato colgado del pilar
En mis poros se atasca el polvo
            la tristeza me sacude las letras

El purpura escrito me rodea
me crecen pétalos violetas
que a mis venas delinean,
la sangre se marchita pronto
Al barro me regresan las raíces del duelo
        el musgo me arrasa hasta los cabellos

De mi lengua
cae una avalancha de rocas
Esta mañana
                             Ella ha muerto.


Desde un cable cuatro aves
con pétalos en lugar de plumas
me cuidan hasta la última década
De mis restos crece un templo
            Huele a incienso de ancestras.

De mi vientre emerge
una cascada boscosa
Todo lo inunda un río sonoro
			              o
			              r
			              o
			              r
			              o
De mi pecho
un tallo largo crece
                                 ¡Ah! Respiro

Recuerdo que Ella ha muerto
y sigo triste
mas esta vez
                                 las tengo a Ellas
a las flores de lavanda
naciendo de mi pecho.


Instagram: @tania.de.las.flores

RENACER

|Por Norma Myriam Hernández Rosas|

Desierto con espinas

recorro sólo por ser mujer

Ríos de sangre  corren 

Por mis pies

Flor de asfalto

Transgrediendo 

Irrumpiendo 

Renaciendo una y otra vez

Feminista 

Poeta 

Gritando en las calles

Todo el dolor que se siente callar

Sumisa

El olor a muerte

Estelas de arcoíris cuando

Vamos gritando se nos ve destilar

Somos mujeres 

Diosas

Brujas

Renaciendo una y mil veces mas

Estado de México

Tu mano tibia

[AnaKaren León Guzmán]

De tu mano tibia se despliegan mariposas,

en tu mano tibia reposan los recuerdos,

bajo tu mano tibia encuentro ayuda,

con tu mano tibia me recorres entera.

De tu mano fría despliegas mentiras,

bajo tu mano fría se ocultan secretos,

en tu mano fría resbalan mis lágrimas, 

con tu mano fría sostienes mi vida.