Crónica de marcha

|Por Andrea Monserrath Pérez|

Llegué junto a mi mamá. Encontré a Caro y a Dulce, acompañada de su mamá.

Aún no entrábamos al contingente y un hombre nos echó su carro encima. Luego dicen que no existe tal cosa como la misoginia.

Entré al contingente buscando a Selene, enviando mensajes y videos de mi ubicación; al fin la encontré y todas nos tomamos una foto con nuestros carteles al aire.

Comenzamos a marchar sin saber el destino, pero con seguridad y decisión. Incluso me pareció que nos unimos los tres contingentes: el radical, interseccional y el de madres. Maravilloso.

“Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan” iba gritando con lágrimas en los ojos y la voz quebrada a ratos.

“Vivas se las llevaron y vivas las queremos” también retumbaba en mi pecho y me desgastaba la voz.

Las calles se inundaban de morado y verde, de gritos desesperados pero fuertes.

La gente curiosa nos miraba con extrañeza y nos tomaba fotografías mientras les gritábamos enojadas: “Señor, señora: no sea indiferente. Se matan las mujeres en la cara de la gente”.

Llegamos a la Comisaría. “CHIIIN, vamos a entrar” pensé con un poco de miedo. Contando a las mujeres que me acompañaban: una, dos, tres, las dos mamás … estamos bien. Vamos a entrar.

Ahí dentro algunas compañeras hicieron pintas, todas gritábamos; después se hizo silencio. Por las que no pueden gritar más.

Algunas se armaron de valor y contaron sus experiencias al micrófono. “No estás sola” le contestábamos todas.

“Somos un chingo” se repetía.

Colgamos nuestros carteles, pintamos nuestras manos y acusamos a México de feminicida.

A las calles de nuevo. Más cansadas, más pausas entre cada consigna. La misma fuerza y el mismo coraje.

“Tengo sed y mi mamá se llevó mi agua” les dije a Dulce y Caro. Una compañera que iba frente a mí, se dio la vuelta y me ofreció sin dudar su termo con agua. Una más lo sacó de su mochila y también me lo ofreció.

Ya de regreso en las Tijeras vi a una madre explicándole a su hija de aproximadamente 7 años por qué la vocera RadFem estaba anunciado que no hombres dentro del contingente, la niña asintió.

Esto es el feminismo. Mujeres a una misma voz, luchando, exigiendo y resistiendo. Amigas tomándose de las manos y gritando al unísono. Cuidándonos. Compañeras llenas de ira que no tienen miedo. El feminismo es amor frente al odio.