Mis raíces más íntimas

|Por Alejandra Olivares|

No voy a mentirte, estos días han sido de esconderme entre los árboles y avanzar ligeramente de puntillas. Temo no ser suficiente y los sitios me agotan cuando la mirada de otra gente se posa sobre mí. 

He llorado por mi sonrisa prematura y casi hiriente, mi piel se ha secado y me pide a gritos atención. Quiero quitarme este cuerpo, robarme otros ojos, alargarme las piernas. 

Lloro con cada golpe al espejo, me tapo los oídos y me doy media vuelta. Mi manera de querer me empuja contra la pared, todavía me duele el cuerpo y no sé si pueda encontrar el camino de vuelta a mí. 

No vas a volver, te he cerrado todas las puertas. Ya no hay espacio para ti. Quiero compartir mi dolor, pero no será contigo. Mi cuerpo no es un templo, pero sí es mi hogar y es lo único que me pertenece. 

Me estoy levantando. Nunca más reduciré mi cuerpo a la tristeza ni me compararé con otros. Soy exactamente como tengo que ser: Piel morena, piernas cortas y folículos capilares. Tengo hematomas en las rodillas, en los pulmones y en el pecho. 

He sobrevivido demasiadas veces a mis partes profundamente sensibles, he pedido refuerzos y también me he destruido a mí misma. Y aquí estoy, cayéndome, doliéndome, marchitándome.

Quiero comenzar de nuevo, darme la bienvenida, extenderme la mano. Ya no voy a castigarme con máquinas sobre mi pelvis ni pinzas en mis mejillas. No más pellizcos, temblores ni arrepentimientos. 

Aprovecho cada instante para suavizar mis bordes afilados, me enseño a caminar descalza en mi propio terreno y a aceptar un amor sano que me quiera de la misma forma. 

Vuelvo a ser inmortal y abrazo a los fantasmas que hay bajo mis piernas. Construyo mi vida en este lugar como un imán de luz que permite mi hiperpigmentación y mis lunares, mis ojeras y mi vientre dividido, mis cicatrices cubiertas de guirnaldas, mis raíces más íntimas. 

Ya lo han dicho mis ojos: Se han ido mis partes inseguras; me percibo y me quiero rota, cuando las heridas duermen entre rabia y osadía sabiendo que aunque duelan, ya no hay nada que esconder. 

Estoy sanando. Sanar es un trabajo de todos los días. 

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Día de las albañilas: 3 de mayo

|Por Emely Arroyo|

La feminización de la pobreza es un término que surgió en los años 70, comenzó a utilizarse para visibilizar las desigualdades laborales que se mantienen específicamente hacia las mujeres en todos los ámbitos de la industria o fuera de ella (en trabajos informales).

A partir de dicho término se identificó el sexismo dentro del campo laboral donde, históricamente, se ha centralizado al varón y la mujer ha sido ubicada en desventaja a través de prácticas y comportamientos aprehendidos en la sociedad patriarcal, los cuales perpetúan el machismo y la misoginia. 

Ante dichas circunstancias culturales y políticas, las mujeres que trabajan en el área de construcción, renovación y reparación de edificaciones (las mujeres albañilas) no son la excepción ya que son invisibilizadas por dedicarse a una labor que, según el desorden patriarcal, es pasa hombres. 

¿Cómo identificamos este sexismo de manera sencilla? Pensando en el cine, quiénes representan ciertos papeles en las distintas áreas laborales, en la albañilería, claro está, siempre son hombres. Incluso el uso de la comedia entorno a este oficio y su relación con el acoso callejero. Una representatividad muy apegada a la realidad que vivimos, que permea una violencia normalizada al no problematizarse y que, sin embargo, invisibiliza a la mujer en esta área de trabajo

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) dos de cada cinco mujeres en la industria se desempeñan como obreras, artesanas o ayudantes, las cuales tienen jornadas mayores a 40 horas a la semana y no cuentan con un contrato formal. Aunado a eso, los salarios que ganan en la construcción son mínimos y además son menores a los de los varones por el mismo trabajo realizado.

Es por ello que es sumamente importante reconocer este 3 de mayo a todas LAS ALBAÑILAS que se echan esa chambota. Hoy no es solamente “el día del albañil”, pues representa el despojo de las mujeres que desempeñan dicha labor al no reconocerlas como parte de fundamental de la creación de espacios públicos y edificaciones chingonsísimas.