Renuncié a ser musa

|Por Ana Loredo|

Mi rebeldía comenzó el día que, 

Frente al papel en blanco, 

Me atreví a querer ser poeta

.

Cuando leyendo a Bukowski y a Neruda me rehusé

A ser algún día 

Aquella diosa humana idolatrada 

Por la sangre que abultaba la entrepierna del poeta

Ese que necesita inspiración nueva en una cama nueva

Y que cada quince días baja a su diosa del altar 

Para colocar una nueva 

.

Cuando descubrí que la mujer misteriosa, 

Que tanto fascina a los hombres en sus escritos, 

No era más que una mujer normal 

Oculta detrás del velo del silencio y la belleza

Me bajé tambaleante 

Del pedestal donde nos han colocado 

Para tomar la pluma y vaciar

Sobre servilletas, hojas sueltas y cuadernos

Mis palabras

.

Te explico mamá que yo no quiero ser 

La esposa, la novia ni la amante 

Del escritor ni del poeta… 

¡Yo quiero ser compañera!

.

Mi rebeldía comenzó el día 

Que renuncié a ser musa para convertirme en poeta 

Florecer

|Por Diana, Amarilis y Malely|

¿Qué dibujaron mis dedos, qué empujón tuvo la tinta diluida al llegar al mar?

No bajó al mar, subió a la montaña y desde ahí miró su agua infinita, su luz y sus guardianes. Metió los pies a la tintura, más templada y alcalina.

¿Qué dijo la mujer, qué verdad le floreció en la boca y en la nuca? Miró arbustos espinados, sintió al tacto la sístole plateada, hidrargirio sudor.

El pinchazo fue el veneno, mercurio al dedo, sangre a la semilla.

Hundida a medio cuerpo el frío reveló:

El misterio está en la rosa.

Diana Rodríguez Vértiz

Autorretrato por Malely Linares Sánchez

Escupí una rosa

y otra.

No había espacio

para la frustración.

Sólo las rosas 

sellaban 

mi boca muerta

Amarilis Pérez Vera

Tanta vida

y una aquí, temiéndole a la muerte.

Que me coman las flores

Hasta que nazca.

Amarilis Pérez Vera

Autorretrato por Malely Linarez Sánchez

Esas hojas que respiran y contraen su nervadura

¿Qué sabe más la herida, clorofila que la almena?

¿Quién sabe más, la orquídea o yo que me miro en ella?

Diana Rodríguez Vértiz

Cuentas chidas de Instagram llevadas por mujeres

|Por Plumas Sororas|

¡Hola compas! La redes sociales son una herramienta que las mujeres han utilizado para informar sobre asuntos importantes como la salud mental, el activismo feminista o educación sexual. También han sido un medio para dar a conocer arte hecho por mujeres. Siendo Instagram una de las redes sociales que más nos gustan. Les compartimos una lista con cuentas de Instagram llevadas por mujeres.

  1. @desansiedad : desansiedad es un proyecto de educación y formación de herramientas para enfrentar la ansiedad. Comparten información sobre síntomas, tips, estrategias de confrontamiento.

2. @claudel_estrella: Claudel es una ilustradora mexicana muy talentosa.

3. @karlhaochoa: Karla es autora del libro “Miniatura”. Tijuanase, usa las redes para compartir su experiencia lectora.

4. @romperlareglamx: Colectiva que se dedica a educar sobre la menstruación.

5. @estoy.hartta: Proyecto activista que usa el bordado como arma de denuncia. Trata sobre crear memoria colectiva de las violencias contra las mujeres.

6. @zinesporas: A raíz de la pandemia zinesporas surgió para darnos a conocer fanzine. Pueden entrar a checar las publicaciones.

7. @culomala: Memes perfectos para empezar tu psicoeducación.

8. @alicia_deliciaaaaa: Cuenta dedicada a la educación sexual integral.

9. @yololitablog: Yo, Lolita ha llevado a Instagram. Se trata de un proyecto que difunde poesía de mujeres.

10. @queen_love_lesbiville: Para reír un rato con un mucho de humor lésbico.

11. @mala.fanzine: Proyecto que se dedica a difundir diferentes publicaciones de arte hechas por mujeres.

12. @lenchas_y_marimachas: Lenchas y Marimachas es un proyecto que busca visibilizar la existencia lesbiana a través de la fotografía.

13. @versarnoz: Andrea Latham es una poeta bajacaliforniana que nos comparte sus sentires.

14. @crazyheadcomics: A través de la ilustración Matilda de @crazyheadcomics busca crear consciencia sobre los trastornos mentales.

15. @vulva_furiosa: La educación sexual es esencial para una vida plena, por ello Laura nos comparte sus conocimientos.

La “Lolita” de Humbert Humbert: la construcción de un ideal femenino patriarcal pt. II

|Por Cristina Marquéz|

Nota: Esta es la segunda parte del ensayo La “Lolita” de Humbert Humbert, la entrada anteriormente publicada en la primera parte.

     Bartky propone algo interesante dentro del estereotipo patriarcal del ideal de la mujer: la falta de expresión es necesaria para evitar alguna arruga, alguna señal de vida. “Las mismas expresiones de la cara pueden subvertir el proyecto disciplinario de perfección corporal. Una cara expresiva se arruga más fácilmente que una inexpresiva. (…) Si las mujeres no pueden suprimir sus emociones, al menos pueden aprender a inhibir la tendencia de la cara a mostrarlas” (Bartky, p.140) Dentro de la novela podemos encontrar una cita que refleja lo anterior, mostrando a Charlotte sin “suprimir las emociones” pero inhibiendo “la tendencia de la cara a mostrarlas”: “Cómo me gusta este jardín (no había entonación exclamativa en su voz). No es divino el sol (tampoco había entonación interrogativa). Y con un suspiro de fingida satisfacción, la odiosa señora se sentó en tierra y miró el cielo.” (Nabokov, p.31) No sólo en esta cita, sino en más partes de la obra se muestra tanto a Charlotte como a la ex esposa de Humbert, Valeria, sin expresiones marcadas, tanto sonoramente como gestualmente.

     La autora Sandra Lee, hace mención también de todos los ritos cosmetológicos que hacen las mujeres para estar más cerca del ideal patriarcal femenino, menciona el maquillaje, el teñirse el cabello, las dolorosas depilaciones, etc. Recordemos a la primera esposa de Humbert, Valeria. Humbert confiesa: “Lo que realmente me atraía de Valeria era que imitaba a una niña” (Ibídem, p.14) Posteriormente descubrimos su decepción al descubrir que la apariencia infantil y atractiva de Valeria se debe precisamente a los ritos cosmetológicos que menciona la teórica feminista Bartky: “Los rubios rizos revelaron unas raíces negras; el vello se convirtió en púas sobre una piel rasurada; los volubles labios húmedos en un preciado retrato de su mamá muerta, tan parecida a un sapo en vez de a una pálida niña de arroyo, una baba enorme, hinchado, de piernas cortas, pechos grandes y casi sin seso”. (Ibídem p.16) También llega a describir después a Valeria como “carne rancia”. Aunque en algún momento una mujer cumpla las expectativas del ideal, está condenada a fracasar, pues depende de métodos ajenos a su naturaleza para alcanzarlo.

     Como se ha mostrado hasta ahora, tanto en la sociedad actual, como dentro de la novela, “se construye el cuerpo femenino ideal, (…) un cuerpo sobre el cual se ha escrito un estatus inferior” (Bartky, p. 146). Pero esta construcción no es mágica ni apareció de la nada, como se viene diciendo desde el principio, este paradigma viene de una sociedad patriarcal, y por lo tanto de un patriarca.

     Citando a Bartky, se menciona que “en la sociedad patriarcal contemporánea, dentro de la conciencia de la mayoría de las mujeres, reside un conocedor varón que equivale a un panóptico: ellas permanecen bajo su mirada y su juicio.” En la novela, ¿quién sería ese varón, ese juez? Humbert Humbert: es él quien describe de manera peyorativa a las mujeres que no logran su ideal ninfúlico. Es él quien llama a Charlotte, a Valeria, a la Doctora Anita Johnson, y a otras mujeres, que no tienen la fortuna de ser niñas nínfulas, “vacas”, “gordas repugnantes” de “carne rancia.”

     Se trata de un patriarca, que ejerce poder sobre sus nínfulas, que las quiere para sí solo, que las encierra en un cuarto de hotel mientras duermen y él tiene la llave. Un cuarto de hotel o un parque, soñando que sea la “isla intangible de tiempo hechizado donde Lolita juega con sus semejantes.” (Nabokov, p.9), siempre para el disfrute del patriarca. Humbert no esconde su deseo, que si bien no se logra, deja expuesto: “Dejadme solo en mi parque pubescente, en mi jardín musgoso. Dejadlas jugar en torno a mí, ¡y que nunca crezcan!” (Ibídem, p.12)

     Llama especialmente la atención la fuerza de la última frase de la cita anterior: “¡Y que nunca crezcan!”. La autora, Bartky, enlista que algo primordial dentro del canon propuesto por el ideal femenino patriarcal es la construcción de un ser femenino inmaduro, que no presente en ningún sentido “señales de carácter, sabiduría y experiencia que tanto admiramos en los hombres” (Bartky, p.144). Y es precisamente esa la construcción de las nínfulas de Humbert: niñas, no mujeres desarrolladas, de “brazos frágiles” que menciona como una preciosa cualidad a lo largo de la novela. Se trata de que sean objetos agradables, sin la suficiente fuerza ni madurez para que permanezcan en sus brazos, siendo siempre “Lolitas”. De la misma manera en que el ideal femenino patriarcal expuesto por Bartky tiene como último propósito que las mujeres del mundo real tampoco se pertenezcan a sí mismas, que como “Lolitas” estén siempre a la merced de alguien más.

     Como se ha visto a lo largo de este análisis, en la obra “Lolita” de Vladimir Nabokov, efectivamente se encuentra una propuesta de ideal femenino patriarcal, representado por las nínfulas y encarnado en la “Lolita” idealizada por Humbert Humbert. Que si bien, todas sus compañeras terminan abandonándolo, incluyendo a Lo, y por tanto, podrían encontrarse tintes de liberación feminista en la obra (cosa que no se niega en este análisis), la presencia de una idea patriarcal de la construcción de la mujer se hace siempre presente en las confesiones y pensamientos de Humbert Humbert, es decir, en la novela de manera general.

Fuentes

Bartky, S. L., (1990) Feminidad y  dominación. Estudios en la Fenomenología de la Opresión, Nueva York: Routledge.

Nabokov, V. (1975) Lolita, Barcelona: Grijalbo.