Mentiras

|Por Kaomi Cárdenas|

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Me creí las mentiras
pero ya no más
Todo el tiempo me mintieron, desde niña me llenaron de mentiras
Me creí el clásico “calladita te ves más bonita”
Me creí que solo había súper-héroes
Me creí que mi fuerza era inferior
Me creí que yo debía jugar a la mamá

.


Cuando crecí aún seguí creyendo sus mentiras
Me creí que mi menstruación era un castigo, que daba asco, que esos días no pensaba bien y que mis llantos eran irracionales
Me creí que el matrimonio era el final feliz
Me creí que verdaderamente tenía la obligación como mujer de ser madre en el futuro
Me creí que no debía sentirme bien con mi cuerpo ni con mi rostro
Me creí que debía vestir, sentarme y hablar como una señorita
Me creí que hacer limpieza en el hogar era mi naturaleza
Me creí que había un problema en mí por el hecho de cortarme el cabello “como hombre” y no vestir ropa “de mujer”

.


Me creí todo
E incluso por mucho tiempo
me creí que debía agradecer que “al menos no me violaron”

.


Me creí sus mentiras
Pero ya no más
Ya no me las creo
Me he quitado la venda que me han puesto
He abierto mis ojos
Y ya no me creo que no debo luchar

.


Hoy empiezo a luchar contra todas sus mentiras
Hoy, junto con todas las que ya están hartas
Hoy luchamos y lucharemos hasta vencer.

Pirámide de las necesidades de la salud mental

|Por Ailed Ciapara|

Probablemente alguna vez escuchaste hablar de la pirámide de necesidades de Maslow, una teoría psicológica que plantea una jerarquía de las necesidades humanas donde las más básicas (fisiológicas) son las que se encuentran en la parte inferior, como la respiración, alimento, descanso, etc., seguidas por necesidades más complejas como seguridad, afecto, pertenencia, reconocimiento, hasta llegar a la cima, donde se encuentra: la Autorealización. Se entiende así que para poder cubrir esta, tendrías que haber cubierto previamente el resto de las necesidades.

El giro que le da la artista sueca Matilda (@crazyheadcomics) a esta pirámide es en relación a su salud mental y es importante que hablemos de ello ya que aunque la experiencia de cada persona sobre su salud mental es diferente, sin salud mental, simplemente no hay salud. Por eso es crucial identificar nuestras necesidades y preguntarnos si de verdad nos estamos ocupando de ellas.

“Estas son todas las cosas en las que quiero trabajar para lograr sentirme lo mejor posible. En la base, pongo las necesidades más básicas para mi bienestar mental: apoyo, tratamiento y sueño. En un buen día de salud mental puedo alcanzar a cubrir todas estas necesidades, sin embargo, la mayoría de los días se puede y está bien. Nuestro viaje de salud mental es un camino lleno de altibajos y la felicidad nunca puede ser constante”. (@crazyheadcomics 2019)

Imagen original de @crazyheadcomics/ Tradicción de @plumassororas

Empecemos por el apoyo. Cuando una persona se siente apoyada ya no se siente sola y, en consecuencia, el estigma que tiene internalizado sobre su propia salud mental  disminuye, esto le permite buscar la ayuda y el tratamiento que necesita, ya sea psicoterapia, tratamiento psiquiátrico, terapias holísticas, acompañamiento emocional, lo que necesite. Ya estando ahí empezará a valorar la importancia del descanso adecuado, modificará su higiene de sueño, aprenderá estrategias de afrontamiento, procurará relaciones saludables, practicará la autocompasión, el autocuidado, incluso aprenderá a usar el humor a su favor, será una persona empática con sí misma y sanará. Sólo así nacerá la esperanza. 

La esperanza sólo aparece cuando entendemos el impacto que tienen nuestros pensamientos y emociones en nuestra vida diaria, cuando nos acercamos a esa posible estabilidad, a esa salud mental.

Atender nuestras necesidades de salud mental no significa que no pasemos malos ratos ni experimentemos problemas emocionales. Todas las personas pasamos por decepciones, pérdidas y cambios. Todos los días nos enfrentamos a un mundo que celebra lo neurotípico, lo binario, lo violento y esto claro que nos genera impotencia, tristeza, ansiedad y estrés. Pero así como las personas físicamente sanas pueden recuperarse mejor de una enfermedad o lesión, las personas que atienden su salud mental pueden recuperarse mejor de la adversidad, el trauma y el estrés. 

El fracaso cotidiano.

|Por Judy Moody|

Vivir con una condición mental que te obstaculiza o imposibilita ciertos logros nos enfrenta diariamente a no ser suficientes, a fallar, a la derrota. Puede ser depresión, ansiedad, bipolaridad, trauma, you name it; nos hace pesada la vida y nos es difícil alcanzar ciertas hitos diarios que para otras personas pueden ser de lo más habitual como: bañarnos, comer, alistarnos para salir.

Hace un par de años decidí empezar a hablar de mi déficit de atención. No ha sido fácil, igual encuentro empatía como encuentro más del mismo estigma que acompaña a la mayoría de los llamados “trastornos” mentales o -como prefiero que le llamemos- neurodivergencias. ¿Esperaba más? Sí. Más apoyo, más empatía, por lo menos más cuidado de no decirnos cosas que estamos denunciando que son tan erróneas como dolorosas, tipo: es que usas tu condición como pretexto para no cumplir. ¿Me extraña? No mucho, nos enseñan a juzgar a los demás y a nosotras mismas constantemente, es un mecanismo de control para que cumplamos con los mandatos del sistema y las convenciones sociales que le sirven; además, hay un placer especial en señalar los errores de las otras personas, nos hace sentir grandes, importantes, mejores.

Pero me la pelan.

Ni el sistema completo ni todos los señalamientos, burlas, desprecios, chismes y rechazos pueden conmigo. Hoy fallé en todo, ya es la 1 de la tarde y no he logrado casi nada de lo que me propuse para esta mañana, excepto hacer desayuno, ¡¡y lo celebro!! Me tardé como 3 horas, neta, y así lo celebro. En otros tiempos me estaría cortando las venas por inútil, pero hoy no. Hoy me digo: tranquila, estás muy ansiosa, tienen tantas cosas en la cabeza que no me extraña que no te puedas concentrar. Sácalo, date tiempo, apapáchate y no te preocupes, a lo mejor te toca trabajar toda la noche otra vez pero lo vas a lograr, lo vas a compensar de alguna manera porque estás comprometida con tus proyectos y así funcionas, así has funcionado siempre, yo no dudo de ti. Ya no dudo de mí misma, me conozco cada vez mejor y confío en que lo puedo lograr, sólo que no será como es para una persona neurotípica.

Esta mañana sabe a fracaso, sí, a ese fracaso cotidiano, pero también a la calma de la aceptación, a la calidez de un abrazo que consuela, a esperanza y a la alegría de encontrar una amiga, que ya puedo ser yo misma. Hoy me preocupan demasiado los incendios forestales de California, la calidad del aire y el cambio climático. Estoy asustada, quiero proteger a mi hija, tengo asuntos trascendentales que resolver al respecto, no tengo cabeza para mucho más, se me barren los engranes. Voy a parar. Voy a acostarme un ratito, abrazar a la Ivanna, jugar a algo y volver a intentarlo más tarde.

#TDAHadulto #thisiswhatADHDlookslike

Bisexualidad visceral

|Por Alejandra Montalvo|

Hay una criatura extraña en mi interior. Su nombre es Heliodoro y vive en mi estómago; entre jugos gástricos, enzimas y comida deshecha. Creo que este pequeño ser ya se acostumbró al movimiento intenso y continuo de mis órganos internos. A veces imagino que es un gusano hinchado y corpulento color rosado que se alimenta de mis miedos; que su platillo favorito son mis inquietudes cotidianas sabor a vergüenza con una pisca de culpa cristiana, auto exigencias y miedo al fracaso. Heliodoro el gusano es un glotón, por eso no me deja en paz y muerde con sus dientes uno de los pliegues que cubren mis intestinos para molestarme, para lograr que me doblegue de dolor. Qué tipo de criatura egoísta cargo en mi interior; hasta cuándo va a decidir cambiar de cuerpo y mudarse a otro lugar. Ojalá que salga estrepitosamente de mí, agujerando mi vientre, gritando desesperadamente por más comida a una habitación testigo de esta extraña escena de terror.  

Otras veces Heliodoro es un ser de luz, un pequeño avatar de piel azul turquesa, ojos grandes y negros, y labios color rojo sangre. Tiene la cabellera larga de un intenso tono negro. Su cuerpo está cubierto con joyas de oro y ornamentos florales. Huele a jazmín, la flor que me recuerda a mi infancia. Parece una diosa de la India: bella, pero al mismo tiempo aterradora. Es una pequeña Kali serena, adormecida por el aburrimiento, esperando la sangre que se le prometió en un sacrificio de guerra. Me da miedo verla a los ojos, me parece que están cubiertos por muchas pestañas que asemejan pequeñas serpientes color verde esmeralda. Cuando abre y cierra los ojos, parece que las serpientes danzaran en un ritual pagano. Cuando pienso en ella, en la versión hembra de Heliodoro, me siento incomoda, pero al mismo tiempo me lleno de vitalidad lunar. Trato de encontrarla en mi interior, pero ella se esconde. Creo que es tímida y le gusta estar sola. Prefiere verme sólo si yo decidiera hacerles caso a sus susurros, a su repetida propuesta de tirarme al vacío. 

Pensando en estas criaturas de mi interior, creo que Heliodoro gusano es Kali y Kali es el gusano. Lo puedo ver cuando pongo atención en el caleidoscopio que resulta de su corporalidad ambigua y extraña como una masa que se transforma de acuerdo con las circunstancias y el fuego que la funde y la moldea. Cuando por fin decido hacerle caso a la pequeña Kali y salto al vacío, se me revela que esos seres, esas encarnaciones pasadas son parte de mí y acepto calmada. Me siento en paz.