Crónica de un feminicidio anunciado

|Por Reyna M. Leaño|

En el transcurso de la insípida cotidianidad recurrente, al llegar el fin de la jornada…


El camino a casa se convierte en una persecución latente.


Cuadra tras cuadra se avecina una agonía, las calles estrechas y oscuras que favorecen este pánico del día a día.


No uses escotes, mucho menos faldas, hay que pasar desapercibida ante todas las miradas.


Camina más rápido, camina sin mirar atrás, toma el primer bus, entra a la primera tienda, mantén siempre a la mano tu gas pimienta.


Pareciera una pesadilla que nunca acaba, ni al llegar al bus, ni a casa, mi verdugo se encuentra en todas las paradas.


¿Quién será aquel que nos atosiga en cada esquina? ¿Será que no se cansa? ¿O qué acaso no le importa herir a una niña?


Es el enemigo colectivo, se llama misoginia, hijo del patriarcado nuestro pan de cada día.

Dame la mano hermana, caminemos juntas, de noche o de día, autodefensa feminista.

Anuncio publicitario

Yo soy ellas

|Por Andrea López|

Qué mayor sorpresa que la obviedad.
Temporada de caza.
Una flecha sin filo.
Promociones frescas.
Nada como un buen trozo de realidad, de formar parte de la lista soñada, 
para reconocer los cambios ocultos. 
Lo sientes hasta que viajas en el tiempo 
y eres testigo de lo que ya sabías: 
Siempre estuviste en oferta.
Nos buscan, nos cazan.
Cazan la ilusoria fachada de ingenuidad. 
“No es cierto, nos dicen, “todo está en tu cabeza”
“Soy tu compa”, claro,  “así soy con todos”.
No, no están mintiendo.
No, no dicen la verdad.
Así son, pero con nosotras, las elegidas por su divinidad
como ofrenda en pausa.
Hasta saturarnos.

El amigo cambia el trofeo 
cuando le hace falta pared.

El despertar de la Chula

|Por Esmeralda López / Ilustrado por Carolina Rivera|

Y… así… despierta La Chula.

Llena de temores e incertidumbres, primero sin darse cuenta, se hace consciente de su cuerpo. ¡Se siente ajeno! Como el que no ha tocado en años…
Sin embargo, apenas ayer, fue el último día en que lo hizo suyo.  Luego, posa su mirada en el suelo. Sigue siendo de madera vieja, maltratada, bella.  Le gusta más que el cuerpo que no conoce. Ahora se da vuelta y observa el techo. ¡¿Qué ha pasado con su cielo?! Se nota triste, sin rostros amigables con los cuales juguetear y hacerse historias.

 Le falta algo… 

La Chula aún no sabe qué. Entonces, regresa a su cuerpo. Hay cicatrices, las observa pretendiendo no saber de dónde vienen. Se ríe por dentro, se mofa de aquellos que dicen que éstas no duelen. ¡A claro que duelen! Duelen del recuerdo, de lo acontecido, lo rememorado… 

Vaya pensamientos los de La Chula. Todavía no comienza el día y ya se ha atacado. ¿Pero qué le pasa? De nueva cuenta sus ojos buscan en donde plantarse. Esta vez están en las manos de alguien quien dice no ser.

Le parecen feas, arrugadas, tristes de una anciana. Asustada regresa la mirada a su entorno. De reojo la encuentran sus vellos, venas y lunares de un solo vistazo ¡¿Pero ¡¿quién me hace esto?! Ella no se responde, lo hace alguien más, como es costumbre. TÚ CHULA.

Se siente el vientre y los senos, como si una parte de ese cuerpo que tanto niega fuera a responderle.  Haciendo los oídos sordos al último comentario le entra el frío, se pone de pie. Camina hacia la ventana, la cierra, huyendo del aire helado mañanero. Regresa a la cama se envuelve entre cobijas renunciando al día y siguiéndole a los sueños. 

Bajo la superficie del granado

|Por Tania Escobar|

El amanecer acaba de arribar en la casa de la esquina, a su lado el árbol de granado se levanta más alto que el edificio, ha crecido hasta alcanzar los seis metros y extiende las tortuosas ramas en todas direcciones. Por debajo, las astillas más pequeñas dan rodeos para llegar fuera del frondoso caos; en las sombras, donde no hay ni un solo fruto, los pájaros hacen sus nidos. Grandes esferas de un color encendido reposan en la tierra seca, allá arriba donde el sol las pone más coloradas, otras cuelgan a punto de reventar.

El granado se levanta orgulloso, pero el trabajo lo hace por debajo de la superficie, donde expande sus raíces hasta los cimientos del edificio, lentamente, sin aparente propósito. Las puntas de sus tallos dan con una pared herrumbrosa, primero penetra el moho y tras superar el hongo consigue agua de las tuberías. Más raíces se van enredando en la maraña de tuberías, poco a poco van movimiento de lugar la estructura, empujando el piso de la casa, creando pequeñas anomalías que terminarán por destruirla. Las grietas empiezan en esquinas donde nadie las ve, para terminar con laberínticos mapas en las paredes de ladrillo. Las hendiduras consiguen llegar al piso de arriba donde se propagan por el suelo, hundiendo la loseta, que termina por combarse, haciendo imposible caminar sobre ella. 

Ilustración por Angeles Diaz

En el jardín, el granado permanece sereno, está repleto de sus gigantescas granadas de un rojo apetitoso, listas para comerse. Arriba su escarlata es más llamativo y son alimento para pájaros, que sacan cada grano de jugo, dejando esferas huecas. Cuando el viento sopla con la suficiente fuerza para mover el granado, antes estático, se oye un leve chasquido, apenas audible para los pájaros que emprenden el vuelo, pues presagian que algo va a suceder. Se oyen los aleteos y se oscurece el sol cuando sus sombras pasan por enfrente. El granado comienza a inclinarse, debajo, sus raíces hacen estragos aferradas con fuerza a las tuberías, mueven los cimientos de la casa, salen chorros de agua y el árbol va arrastrando toda la caótica maraña que ha creado.

En la casa, primero se expanden las hendiduras ya existentes, después se unen unas con otras, lo primero en caer es el techo, las paredes se desmoronan levantando una nube de polvo. Se ven las entrañas de la casa mezcladas con las raíces más largas que el granado ha sacrificado para poder beber, éste ha dejado de moverse, tarda un tiempo hasta que la casa se desmorona por completo y el polvo se asienta. El árbol de granadas se mantiene casi intacto en su pequeño terreno, sereno, con las hojas verdes movidas por el ligero viento.

Instagram: @tania.de.las.flores