Hueco

|Por Stephan Castro|

I

Tu ausencia se siente 

                                        inmensa

en el espacio entre mis brazos

y en el rosa de mis paredes;

                                         pesada

en ese huequito en mi sillón

y en el de la tina de mi baño;

                                         firme

en mi lista de películas por ver

y las que vimos

(que no fueron 20000),

en las series incompletas

y los canales de YouTube.


Tu ausencia se siente

(y quema)

con cada redoble, cada retumbo

de mi corazón

                          inmenso,

                           pesado,

                          firme.


II

Tu ausencia se siente, sobretodo,

en mi insomnio,

en las flores de mi vestido

y mis calcetas sin par.

Y sí, tu ausencia quema,

                               duele,

                               abruma,

pero la prefiero a la

                                incertidumbre

de              tu             indiferencia.

– @Rabbit.Hearted.Witch

Renuncié a ser musa

|Por Ana Loredo|

Mi rebeldía comenzó el día que, 

Frente al papel en blanco, 

Me atreví a querer ser poeta

.

Cuando leyendo a Bukowski y a Neruda me rehusé

A ser algún día 

Aquella diosa humana idolatrada 

Por la sangre que abultaba la entrepierna del poeta

Ese que necesita inspiración nueva en una cama nueva

Y que cada quince días baja a su diosa del altar 

Para colocar una nueva 

.

Cuando descubrí que la mujer misteriosa, 

Que tanto fascina a los hombres en sus escritos, 

No era más que una mujer normal 

Oculta detrás del velo del silencio y la belleza

Me bajé tambaleante 

Del pedestal donde nos han colocado 

Para tomar la pluma y vaciar

Sobre servilletas, hojas sueltas y cuadernos

Mis palabras

.

Te explico mamá que yo no quiero ser 

La esposa, la novia ni la amante 

Del escritor ni del poeta… 

¡Yo quiero ser compañera!

.

Mi rebeldía comenzó el día 

Que renuncié a ser musa para convertirme en poeta 

Sangre ancestral

|Por Andrea Monserrath|

Por mis venas corre la sangre de Lilith, exiliada del paraíso. 

La sangre de la bruja quemada por ser mujer sabia. 

La sangre de la sufragista que no llegó a ejercer el voto que pedía. 

La sangre de la sufragista que no llegó a ejercer el voto que pedía. 

La sangre de las adolescentes, bebés, niñas y ancianas asesinadas por la misoginia y el patriarcado. Enterradas bajo impunidad. 

La sangre de la mujer indígena violada y forzada a parir un, dos, tres, cuatro hijos. La sangre de la artista censurada y reducida a musa. 

Y mientras siga corriendo por mis venas voy a resistir. Vivir, gritar, luchar y exigir justicia por ellas. Para todas. 

Vamos a hacer revolución. 

Y si no, vamos a quemarlo todo.

El mundo sí gira alrededor de ti

|Por Ana Laura Cortés|

Julio 2020

El dos mil diecinueve fue mi año en muchos sentidos y este dos mil veinte se vislumbraba igual o mejor, pero la realidad es que he sentido que me vinieron a sentar de golpazo con el tema del coronavirus. Podría describirlo como una combinación de golpes boxísticos: empieza con dos jabs, le siguen un cros con gancho automático y termina con un uppercut directito en la boca del estómago. Me ha sacado el aire.
Sé que el coronavirus no vino a joderme el año solamente a mí, además, que estoy en un lugar privilegiado desde dónde puedo escribir esto. Pero vamos, mi vida sí gira en torno a mí, entonces vengo a contar un poco de esta reflexión encuarentenada.
Leí hace poco un tuit de una chica que decía algo como: “…le dije a mi papá que estaba deprimida y me dijo que me alegrara, pues era síntoma de que tenía trabajo, salud y podía dormir. Ya que, si no tuviera alguna de esas tres, no podría pensar si quiera que lo estaba, tendría qué chingarle para salir adelante…”. Tenía muchísimos likes y varios re-tuit.
Parecía que ella estaba muy convencida de lo que le dijo su papá, porque en el hilo en conversaciones con los que interactuaban con ella, decía también algo como que se dijo a sí misma: “deja de estar de payasa y chíngale”.
Me identifiqué de bote pronto, cuando leí el tuit inmediatamente me llevó a la mesa de mi casa cuando tenía siete u ocho años, estaba satisfecha con lo que ya había comido y mi mamá me decía: “los niños de x lugar no tienen qué comer y tú desperdiciando la comida”. Recuerdo que eso me remordía mucho la conciencia o algo parecido, muy similar a mi sentimiento con el tuit. Esta artimaña le era útil a mi mamá, a que por lo menos, hiciera el intento de terminarme la comida que me había preparado, pero no quitaba el hecho de que me la comía a la fuerza y que a veces hasta me empachada.

Imagen: Freepik


Le di mil vueltas en mi cabeza al tema, traté de pensarlo en todas las formas posibles, de contrastarlo de manera superficial con algunas corrientes filosóficas sobre mi responsabilidad en la sociedad y el sentimiento de culpa por el sistema en el que vivimos y llegué a una reflexión que podría serle útil a alguna de ustedes que se ha detenido a leer esto.
Minimizar las cosas que nos suceden en nuestra individualidad por lo que sucede afuera y no está en nuestro control, o bien, no somos responsables directos; puede ser un error que nos podría atraer varias cosas insostenibles en un futuro: negaciones, sentimientos de desesperación e inclusive enfermedades.
No quiero decir con esto que una deba ser egoísta y que no nos importe lo que las otras y los otros están pasando, pero no deberíamos cargar con lo que no nos corresponde y no está en nuestras manos. Nuestros sentimientos son importantes, sentirse deprimida no es un signo de egoísmo, es un signo de alerta.
Yo no puedo darles empleo a todas las personas que no lo tienen o lo perdieron durante este periodo, tampoco puedo darles de comer o velar por su bienestar. No está en mis manos. Pero sí puedo contribuir a hacer una mejor sociedad, colaborando con lo que está a mi alcance, siendo buena ciudadana, exigiendo rendición de cuentas, políticas públicas, aportando desde mi experiencia o la forma en la que puedo contribuir, construyendo vida en sororidad.
La exigencia económica y social nos lleva al borde de buscar la mejor forma de ser productivas, y durante este periodo se ha visto de la peor manera. He visto en redes sociales hasta check list de las cosas que “deberíamos lograr” durante esta cuarentena. Todo de tal forma que no haya oportunidad de sentarse a reflexionar o cuestionar la propia realidad, nuestra propia realidad.
No deberíamos minimizar tan fácilmente nuestra individualidad porque de ahí deriva el todo. Si no estamos sanas, si no nos sentimos bien, tampoco podemos hacer bien y ser sanas con la comunidad.
El mundo no gira alrededor de nuestra individualidad, efectivamente. Pero nosotras sí giramos en torno a nuestra propia vida. Ser atentas con las señales de alerta y tomarnos el tiempo para sanar y buscar ayuda.
No encontré nuevamente el tuit para compartir mi reflexión, ojalá la reflexión le pudiera llegar de alguna forma, aunque es posible que no tenga el mismo valor que las palabras de su papá, quizás al menos se puede cuestionar un poquito otra visión del tema.