La “Lolita” de Humbert Humbert: la construcción de un ideal femenino patriarcal pt. II

|Por Cristina Marquéz|

Nota: Esta es la segunda parte del ensayo La “Lolita” de Humbert Humbert, la entrada anteriormente publicada en la primera parte.

     Bartky propone algo interesante dentro del estereotipo patriarcal del ideal de la mujer: la falta de expresión es necesaria para evitar alguna arruga, alguna señal de vida. “Las mismas expresiones de la cara pueden subvertir el proyecto disciplinario de perfección corporal. Una cara expresiva se arruga más fácilmente que una inexpresiva. (…) Si las mujeres no pueden suprimir sus emociones, al menos pueden aprender a inhibir la tendencia de la cara a mostrarlas” (Bartky, p.140) Dentro de la novela podemos encontrar una cita que refleja lo anterior, mostrando a Charlotte sin “suprimir las emociones” pero inhibiendo “la tendencia de la cara a mostrarlas”: “Cómo me gusta este jardín (no había entonación exclamativa en su voz). No es divino el sol (tampoco había entonación interrogativa). Y con un suspiro de fingida satisfacción, la odiosa señora se sentó en tierra y miró el cielo.” (Nabokov, p.31) No sólo en esta cita, sino en más partes de la obra se muestra tanto a Charlotte como a la ex esposa de Humbert, Valeria, sin expresiones marcadas, tanto sonoramente como gestualmente.

     La autora Sandra Lee, hace mención también de todos los ritos cosmetológicos que hacen las mujeres para estar más cerca del ideal patriarcal femenino, menciona el maquillaje, el teñirse el cabello, las dolorosas depilaciones, etc. Recordemos a la primera esposa de Humbert, Valeria. Humbert confiesa: “Lo que realmente me atraía de Valeria era que imitaba a una niña” (Ibídem, p.14) Posteriormente descubrimos su decepción al descubrir que la apariencia infantil y atractiva de Valeria se debe precisamente a los ritos cosmetológicos que menciona la teórica feminista Bartky: “Los rubios rizos revelaron unas raíces negras; el vello se convirtió en púas sobre una piel rasurada; los volubles labios húmedos en un preciado retrato de su mamá muerta, tan parecida a un sapo en vez de a una pálida niña de arroyo, una baba enorme, hinchado, de piernas cortas, pechos grandes y casi sin seso”. (Ibídem p.16) También llega a describir después a Valeria como “carne rancia”. Aunque en algún momento una mujer cumpla las expectativas del ideal, está condenada a fracasar, pues depende de métodos ajenos a su naturaleza para alcanzarlo.

     Como se ha mostrado hasta ahora, tanto en la sociedad actual, como dentro de la novela, “se construye el cuerpo femenino ideal, (…) un cuerpo sobre el cual se ha escrito un estatus inferior” (Bartky, p. 146). Pero esta construcción no es mágica ni apareció de la nada, como se viene diciendo desde el principio, este paradigma viene de una sociedad patriarcal, y por lo tanto de un patriarca.

     Citando a Bartky, se menciona que “en la sociedad patriarcal contemporánea, dentro de la conciencia de la mayoría de las mujeres, reside un conocedor varón que equivale a un panóptico: ellas permanecen bajo su mirada y su juicio.” En la novela, ¿quién sería ese varón, ese juez? Humbert Humbert: es él quien describe de manera peyorativa a las mujeres que no logran su ideal ninfúlico. Es él quien llama a Charlotte, a Valeria, a la Doctora Anita Johnson, y a otras mujeres, que no tienen la fortuna de ser niñas nínfulas, “vacas”, “gordas repugnantes” de “carne rancia.”

     Se trata de un patriarca, que ejerce poder sobre sus nínfulas, que las quiere para sí solo, que las encierra en un cuarto de hotel mientras duermen y él tiene la llave. Un cuarto de hotel o un parque, soñando que sea la “isla intangible de tiempo hechizado donde Lolita juega con sus semejantes.” (Nabokov, p.9), siempre para el disfrute del patriarca. Humbert no esconde su deseo, que si bien no se logra, deja expuesto: “Dejadme solo en mi parque pubescente, en mi jardín musgoso. Dejadlas jugar en torno a mí, ¡y que nunca crezcan!” (Ibídem, p.12)

     Llama especialmente la atención la fuerza de la última frase de la cita anterior: “¡Y que nunca crezcan!”. La autora, Bartky, enlista que algo primordial dentro del canon propuesto por el ideal femenino patriarcal es la construcción de un ser femenino inmaduro, que no presente en ningún sentido “señales de carácter, sabiduría y experiencia que tanto admiramos en los hombres” (Bartky, p.144). Y es precisamente esa la construcción de las nínfulas de Humbert: niñas, no mujeres desarrolladas, de “brazos frágiles” que menciona como una preciosa cualidad a lo largo de la novela. Se trata de que sean objetos agradables, sin la suficiente fuerza ni madurez para que permanezcan en sus brazos, siendo siempre “Lolitas”. De la misma manera en que el ideal femenino patriarcal expuesto por Bartky tiene como último propósito que las mujeres del mundo real tampoco se pertenezcan a sí mismas, que como “Lolitas” estén siempre a la merced de alguien más.

     Como se ha visto a lo largo de este análisis, en la obra “Lolita” de Vladimir Nabokov, efectivamente se encuentra una propuesta de ideal femenino patriarcal, representado por las nínfulas y encarnado en la “Lolita” idealizada por Humbert Humbert. Que si bien, todas sus compañeras terminan abandonándolo, incluyendo a Lo, y por tanto, podrían encontrarse tintes de liberación feminista en la obra (cosa que no se niega en este análisis), la presencia de una idea patriarcal de la construcción de la mujer se hace siempre presente en las confesiones y pensamientos de Humbert Humbert, es decir, en la novela de manera general.

Fuentes

Bartky, S. L., (1990) Feminidad y  dominación. Estudios en la Fenomenología de la Opresión, Nueva York: Routledge.

Nabokov, V. (1975) Lolita, Barcelona: Grijalbo.

La “Lolita” de Humbert Humbert: la construcción de un ideal femenino patriarcal pt. I

|Por Cristina Marquéz|

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía.  Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con un solo calcetín. Era Lola en pantalones. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.” Vladimir Nabokov

El presente trabajo pretende analizar la novela “Lolita” del ruso Vladimir Nabokov desde la teoría feminista, específicamente de Sandra Lee Bartky, profesora emérita de Filosofía y Estudios de Mujeres de la Universidad de Illinois en Chicago y doctora en Filosofía de la Universidad de Illinois. Se propone, conforme a parte de la obra de Bartky, “Feminidad y dominación”, mostrar cómo el prototipo de “nínfula” en Lolita, una niña de doce años, representa la construcción de un ideal femenino patriarcal imposible de alcanzar para cualquier mujer, fungiendo como patriarca el propio Humbert Humbert, personaje principal de la novela.

    Antes de entrar de lleno en la teoría, vale la pena retomar la primera cita que se ha puesto en este análisis. Se ha decidido subrayar el adjetivo posesivo “mi” y el propio sobrenombre “Lolita”. Esto, con el fin de ir planteando la cosificación que hace Humbert Humbert de una niña llamada “Dolores Haze” a una “nínfula” a la que ha llamado “Lolita”. En dicha cita, la niña pasa a ser distintas cosas: luz de una vida, un pecado, un alma, una “Lolita”… todo con un dueño específico referenciado con el adjetivo posesivo “mi”. Este dueño es “Humbert Humbert”. Con esa cita, precisamente comienza la novela, proponiéndose desde un principio a “Lolita” no como una niña, sino como algo de alguien más. A lo largo de este trabajo se pretende ubicar en ese “algo” la construcción de un ideal femenino patriarcal.

     Se iniciará con una cita de Bartky, del capítulo sobre Foucault, la feminidad y la modernización del sistema patriarcal, en el libro antes mencionado.

“Hoy en día, un cuerpo de mujer masivo, poderoso o abundante produce rechazo. El cuerpo actual de la moda es tenso, de busto pequeño, de caderas estrechas y de una delgadez que roza la frontera con la demacración; es una silueta que parece más apropiada para un adolescente varón o una niña entrando a la pubertad que para una mujer adulta. Debido a que las mujeres comunes y corrientes normalmente tienen dimensiones muy diferentes, es obvio que deben hacer dieta.” (Bartky, p.139) 

     Resulta imposible no relacionar “el cuerpo actual de la moda” descrito por Bartky, con las características de las nínfulas, que son precisamente las descritas en la cita, “una niña entrando a la pubertad”. Pues, finalmente, las nínfulas de Humbert tienen de entre 9 y 13 años. Conforme al rechazo del cuerpo de mujer masivo, poderoso o abundante, ello se puede encontrar definitivamente presente en la obra de Nabokov desde la perspectiva de Humbert Humbert hacia su esposa Charlotte: “Visualizaba con demasiada realidad sus ancas pesadas, sus rodillas redondas, el busto maduro, la áspera piel rosada del cuello (áspera en comparación con la miel y la seda) y todo el resto de esa cosa lamentable y chata que es una mujer.” (Nabokov, p.41)

     Con la descripción de “la cosa lamentable y chata que es una mujer”, y la completa contraparte de la “belleza” de las nínfulas, que se especifica contraponiendo la piel “áspera” de Charlotte contra la piel de “seda y miel” de su nínfula por especialidad: Lolita, encontramos precisamente la construcción de mujer ideal que ninguna mujer será capaz de alcanzar. ¿Por qué? Porque es biológicamente imposible. Y en un intento por lograrlo, tanto en la sociedad actual como en la sociedad que dibuja Nabokov en su obra, las mujeres se ponen a dieta.

     “Envuelta en su aura nauseabunda, (…) sonrió a su plato vacío (estaba a dieta), y dijo que ojalá me gustara la ensalada (receta tomada de una revista).” (Ibídem, p. 39) En la propia obra se evidencian los esfuerzos de Charlotte y de otras mujeres por alcanzar un ideal de belleza imposible, que el propio Humbert anhela y encarna en Dolores Haze. Humbert no se censura al mostrar su aversión hacia las desesperadas mujeres que, aunque quieran, nunca serán lo que es “su Lo”, pues están condenadas a no lograrlo, ya que “la idea de reducción en sitios específicos es científicamente imposible y cruel, ya que crea expectativas en las mujeres que nunca pueden convertirse en realidad.” (Bartky, p.140)

     Además de la estructura ósea, otro requisito primordial dentro de la construcción del ideal femenino encarnado en Lolita es la piel, dejando que el propio Humbert ilustre cómo ésta debe ser, se cita: “maravillosa piel, oh maravillosa: suave y tostada, sin el menor defecto.” (Nabokov, p.23) La descripción propuesta por Humbert no está nada alejada de la que describe Bartky en su obra: “La piel de una mujer debe ser suave, tonificada, sin vellos y tersa; idealmente, no debe mostrar ninguna señal de uso, experiencia, edad o profundidad de pensamiento.” (p. 141)

Fuentes

Bartky, S. L., (1990) Feminidad y  dominación. Estudios en la Fenomenología de la Opresión, Nueva York: Routledge.

Nabokov, V. (1975) Lolita, Barcelona: Grijalbo.