“Magas”

Celebramos sus letras,
voz a voz,
lectura a lectura.

Recitamos con el corazón
lo que escribieron con el suyo.

Renovamos sus conjuros,
sus hechizos,
sus abracadabras.

Entre lágrimas y risas,
entre melodías y pájaros negros,
compartimos junto a ellas
todos sus tormentos.

Copas de vino,
hojas subrayadas,
ecos de vida,
de miedos,
de esperanzas.

¿Cómo es que estas poetas,
a quienes llaman "malditas",
nos van salvando
tiernamente la vida?


                       © Cristina Márquez

Respirar

|Por Anie García|

 

Cuando la gente pregunte por mi
les diré que
   	he vuelto a respirar.
Un olor suave
y delicado
de sanación y cuidados.
Un cálido aroma
de protección 
y amor,
una esencia curando cada rincón de mi. 

Un día,
abrí las ventanas de mi alma
y dejé que el aire pasara;
       	se impregnó 
el perfume dulce
       	de tu cariño
el fuerte bálsamo 
        	de nuestra armonía 
y la fragancia penetrante 
         	de tu encanto.
Cuando la gente pregunte por mi
les diré que;
   	he respirado un olor.
Y al fin me impregné de él.

Templo de lavandas

|Por Tania Escobar|

Un árbol seco
rueda hasta mis recuerdos
donde todas las mañanas
                                 Ella ha muerto.

La tierra llueve de mis ojos
al ver su retrato colgado del pilar
En mis poros se atasca el polvo
            la tristeza me sacude las letras

El purpura escrito me rodea
me crecen pétalos violetas
que a mis venas delinean,
la sangre se marchita pronto
Al barro me regresan las raíces del duelo
        el musgo me arrasa hasta los cabellos

De mi lengua
cae una avalancha de rocas
Esta mañana
                             Ella ha muerto.


Desde un cable cuatro aves
con pétalos en lugar de plumas
me cuidan hasta la última década
De mis restos crece un templo
            Huele a incienso de ancestras.

De mi vientre emerge
una cascada boscosa
Todo lo inunda un río sonoro
			              o
			              r
			              o
			              r
			              o
De mi pecho
un tallo largo crece
                                 ¡Ah! Respiro

Recuerdo que Ella ha muerto
y sigo triste
mas esta vez
                                 las tengo a Ellas
a las flores de lavanda
naciendo de mi pecho.

El visitante

|Por Anie García|

Noche a noche despertaba...
y aquella silueta
	oscura y masculina
parada en una esquina
                  	observándome.
De madrugada
yo era más frágil,
         	débil,
         	vulnerable.
En la oscuridad 
yo era endeble,
        	triste
        	y solitaria.
Le mostré mi miedo
         	esperanzada,
         	agobiada.
Sería suficiente
         	para dejarme 
                  	dormir
o morir. 

Lo contrario;
huele el miedo,
    	se alimenta
    	y aferra. 

El llega con la noche;
            	se sumerge
en la oscuridad 
y en mi oscuridad. 

Desde la esquina,
       	observa
se alimenta
       	me consume. 

Cada mañana 
      	despierto
más vacía,
     	vulnerable,
Desierta. 

No espero la noche,
no quiero la oscuridad
    	ni a su visitante.