Rematerialización temporal

|Ollin Cipactli|

Hace casi dos meses que el tiempo no existe.
Quizá lo hace de una forma distinta,
no lo sé.
Quiero pensar eso,
porque el segundero de mi reloj
sigue avanzando,
con un andar aletargado,
languideciente,
pero perceptible.

Por lo menos
las manecillas doradas de los relojes
aún tienen algo en qué ocuparse,
sin importar cuán entorpecida y letárgica
sea su tarea.
Distinta es la labor de agendas y calendarios,
cientos de páginas inertes
y exangües de la tinta
que imbuía sus renglones.

Es por ello que creo que
el tiempo ha dejado de existir.
Después de todo,
¿qué son los días,
las reuniones pospuestas indefinidamente,
la taza de café que se enfría en la eternidad,
la incertidumbre suspendida sobre nosotros
y sobre las agendas y sobre las manecillas de los relojes,
si nadie se toma la molestia
de registrarlos al margen de su diario,
si no hay una crónica
—periodística, poética o personal—
que esté dispuesta a retratar,
sílaba a sílaba,
con cada serena inhalación,
con cada efusiva exhalación
los sucesos de un día
que es hoy
y solamente hoy,
porque mañana los acontecimientos
serán distintos,

singulares,

excelsos?

El tiempo ha dejado de existir
y en el hueco espacio de su partida
ha quedado una perennidad
que se extiende

y se extiende

y se extiende

en incontables noches

con sus renqueantes días.

Sólo eso.
Hoy es igual que ayer
y mañana será igual que hoy
y la endeble semana de quimeras
se habrá convertido en un mes
de amontonados minutos sin usar.
Ya no tiene sentido dividir la sempiternidad
en segmentos de 24, de 36, de 48 horas.
Hoy los días y las noches
los días de Marte
las noches de Júpiter,
los días de Mercurio,
las noches de Venus

son sólo una lejana hemerodisonancia
de lo que antes eran
y de lo que esperamos
—¿esperamos?—
que vuelva a ser
cuando el tiempo se rematerialice.

Hermana

|Por María José Granados (poema) y Fernanda Granados (ilustración)|

Para María Fernanda

Te confieso que existen esos días 
en que la muerte duda si la padezco viva. 
Se curte la piel que me cubre el cuerpo,
cesa el flujo de mis pensamientos. 

El descanso eterno me masajea las sienes
y sugiere en mi oreja el camino a la paz,
me promete el éxito después del fracaso
y callar a quienes digan que esperaban más. 

Pero arrastro mi peso desnudo frente al espejo
para encontrar los lunares que tienes en el cuerpo.
En mis ojos, nuestra herencia de círculos negros,
en mis lágrimas, vergüenza y arrepentimiento. 

No corto esta carne ni derramo mi sangre 
porque es la misma que corre por tus venas,
porque ninguna pena vale matarte en vida,
porque te quiero viva matando tus penas. 

Si cae por tus mejillas 
el veneno de mi calma,
prometo hacer justicia a tu dolor. 
Hija fiel de la irreverencia, 
madre de todo mi amor.

—María José Granados

Ilustración “Hermana” por Fernanda Granados.

Pueden encontrar más del arte de Fernanda Granados en su página de Facebook @trashpandita. 

A ti, mujer

|Por Anakaren León Guzmán|


Tan suave como un melocotón, tan áspera cual lija o con generosa arboleada. Manjar
de miel abundante y jugo glutinoso, monte dominado por Afrodita, órgano
sobrevalorado que por meses ayuda a tener un sentido del tiempo. Triangulo del diablo,
maldición biológica, incubadora bacteriana y tumorosa de treinta y nueve semanas. Tu
marea roja es símbolo de orgullo y representativo de fertilidad. Soy mi propia jueza, me
valoro sola, nos valoramos ¿por qué preservar tanto su “pureza”?

Fase (s)

|Por Daniela Peñuelas|

Estoy menguante y tú creciente

Estoy colgada de la luna en un pie buscando nuevas perspectivas, la sangre circula pero las ideas no fluyen, borrando las fotos y recuerdos que pesan.

Estoy menguante y tú creciente

Estoy en los huesos implorando clemencia, lamiendo mis lágrimas pues olvidé mis provisiones, peinando mis últimos 3 pelos mientras escucho como revientan, me revienta hasta la calma.

Estoy menguante y tú creciente

Estoy masticándome los labios, agrietando y arrancándome la piel, escarbando y formando cráteres que no dejo cicatrizar.

Estoy menguando y tú creciendo

Pero cuando tú estés lleno, yo estaré́ nueva.