Escribo

|Por Nayeli Miranda|

Escribo para sentirme real. Lo que resulta paradójico, ya que las palabras no son más que tiempo pasado, ¿qué tan real es lo que escribo hoy? No lo sé, pero es sincero.

Escribo para hacerme responsable de mí, de otras personas, y no reclamar cosas del pasado a quien no corresponde.

Escribo para comprenderme, para entender a mis pensamientos y emociones, de donde vienen, a que parte de mí corresponden y que cosas se tiene que ir.

Escribo para recordar, para comunicar, dialogar y descubrir las complejidades del mundo.

Escribo porque quiero seguir viviendo, porque quiero sentir desnudamente sin temor a mí, porque quiero al caos y a la paz.

Escribo,

porque quiero ser genuina.

Escribo…

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Miedo

|Por Allison S. Panuco|

Me siento a escribir en mi escritorio y no tolero que la puerta detrás de mí se quedé abierta, tengo temor de que alguien venga y me tomé por la espalda.

No sé qué tanto cumplo con la expectativa que tienen de mí, la verdad es que no soy una persona valiente, todo me importa, pero dejé de expresarme y comencé a reflexionar hacía mis adentros, escucho con más claridad a mi cuerpo y mi corazón palpitante.

Pero

sigo

teniendo

miedo.

Miedo de que la noche me alcance y no haya disfrutado el día.

Miedo de no volver a escuchar la voz de mi padre y que todo lo que le tengo que decir se me quede en la garganta.

Miedo de permanecer sola, de no aceptar ayuda, de caer en tentaciones y viejos vicios.

Miedo de no cumplir esas expectativas, del final definitivo, de la muerte, de cruzar la calle, de no volver a casa, de conformismos y romanticismos baratos.

Miedo se llama este texto y es que eso es todo lo que tengo.

Señora

|Por Ícare|

No quiero ser tu señora, la mujer de tu casa

Ama y dueña de tu cocina.

No me voy a dedicar en cuerpo y alma a compartir tu cama

Y siendo franca, eso de jugar a tu copiloto ya no me queda.


Estoy cansada, mi amor, del sexo y de que me digas “estás bien rica”

Dices “eres mía” y el suelo ya no supone ningún límite para la libido que baja y baja,

Y mira tú, que osadía: no me llamaría yo tuya por más que me sintiera muy mía 

Y la verdad es que ni soy tuya ni soy comida.


Para ya con el “te amo” que me da más pena que miedo la facilidad con la que crees que me la creo.

En lo más profundo de la posesión, como dice o decía el Cortázar ese

Empecemos por ser honestos, tú y yo no tenemos ni una ni otra

Ni la acción ni la palabra, ni la profundidad ni la posesión


Y lo cierto es que así me tienes, entre la palabra y la acción

Una puede parecer compleja, la otra ser bastante simple y viceversa

Tú puedes decir “aritmética” y contarte los dedos de las manos

Puedes decir misa y hacemos como que te creo mientras otra vez me imagino que ya saldé contigo cada deuda y que ya ni siquiera me llamas amiga. 


Perdón, mi vida, pero eres pan con lo mismo 

¿Hay o hubo algo debajo de tantas capas de pose y fachada? 

Qué suplicio que tu personalidad sea leer la Proceso, ser el centro de atención y mantener las apariencias. 

Fluctúas entre la mueca callada y repetir tus infalibles de alma de la fiesta. ¿No puedes hacer eso mismo pero con otra veinteañera?


Vete. Vete que ya no puedo ni contigo ni con los eufemismos para evitarme tu nombre, 

Déjame, mi amor, crecer por mi lado, ya no me digas “es que tú estás bien morra” 

Vete, y ya no me quieras comprar más jaulas

Que sí quiero ser mujer pero no quiero ser tu señora.