Te tengo a ti.

|Por Thalía Hernández|

Te miro de frente, me miras de frente, ambas en el silencio pues es evidente que la sinceridad nos aterra, que prefieres meter tu cabeza muchos metros bajo tierra, ¿te da vergüenza lo que ves?, sabes que conmigo no es siempre como crees, yo conozco del pie en que cojeas, a quien te coges, yo sé que vas por la vida mirando relojes porque tienes miedo a que la muerte llegue, tienes miedo que la vida te insulte o te pegue.

Hasta aquí huelo tu miedo, me te ve cómo te tiembla todo el cuerpo por este encuentro, no te esperabas llegara el momento de saldar cuentas con la que has tratado de evadir, decir, que lo que haces es solo fingir, que no tienes la vida más libre, que no sabes dirigir ni tus propios pasos que sigues al que sea con tal de crear lazos que te ayuden a abrir el camino para llegar sin tanto trabajo,  para llegar a ese lugar que tanto anhelas, aunque ni esa libertad merezcas.

Por fin nos encontramos,

tanto tiempo de andarte buscando y nos hallamos,

llegó la hora de saldar cuentas

y no despegaré la mirada hasta que entiendas,

que teniéndome como aliada

tienes la vida resuelta.

Intentas despegar la mirada de mí, ¿acaso eres tan cobarde como para huir?, mamá no está aquí, la ayuda de mamá ya ha muerto para ti, para mí. deja de fingir maldita sea, dime que no eres tan fiel como tanto alardeas, que te llamen guapa en la calle realmente te molesta, que en el asiento del taxi no vas a gusto con su pierna casi encima de tu pierna. y cuando te buscan para escuchar lo que quieres es salir corriendo y mandarlos a chingar. 

Sólo estamos tú y yo compañera, mírame, juntas podemos salir de esta, deja de hacerme la guerra deja de llamarme guarra cuando la falda me llega casi a las nalgas porque el brasier te aprieta, hagas lo que hagas.

Por fin nos encontramos,

tanto tiempo de andarte buscando y nos hallamos,

llegó la hora de saldar cuentas

y no despegaré la mirada hasta que entiendas,

que teniéndome como aliada

tienes la vida resuelta.

Qué bueno que lo entiendas que ay que dejar de ser tiernas, que a veces quieres ser mala, ser la bruja más cruenta, pero te reprimes más de la cuenta, que las palabras que salen de ti llevan un poco de sangre por auto reprimir.

Tienes miedo, lo he notado, tienes miedo, de abrir las piernas y alguien vea el hueco en el que caben más de dos dedos, porque te has acostado con tantos esta semana que ya ni me acuerdo. no tengas miedo cuando te digan puta no digas que no es cierto, di que te vale mierda, que dejen de chingar y que mejor se vayan a su padre a cuestionar. Una alianza juntas vamos a comenzar, una alianza de aquí hasta el final, la doble moral déjala pa otros ya.

Por fin nos encontramos,

tanto tiempo de andarte buscando y nos hallamos,

llego la hora de saldar cuentas

y no despegaré la mirada hasta que entiendas,

que teniéndome como aliada,

tienes la vida resuelta.

Convocatoria abierta: Fanzine Vol. lll

¡Hola! Estamos muy contentas por invitarlas a formar parte del Plumas Sororas Fanzine Vol. III: Sanación Sorora

La convocatoria estará abierta del 10 de marzo al 2 de mayo del 2020.
Se recibirán todo tipo de textos (cuento, anécdota, pensamiento, poema, como quieras expresarte), imágenes, fotografías, dibujos, ilustraciones, etc.

No hay extensión mínima, pero la extensión máxima es de 2 cuartillas.

Especificaciones: fuente Arial 11, interlineado 1.5

➡️ Envía tus textos a: plumas.sororas@gmail.com

Gracias a Diana Torres por el diseño tan bello que se aventó. 🔥💜

Crónica de un feminicidio anunciado

|Por Reyna M. Leaño|

En el transcurso de la insípida cotidianidad recurrente, al llegar el fin de la jornada…


El camino a casa se convierte en una persecución latente.


Cuadra tras cuadra se avecina una agonía, las calles estrechas y oscuras que favorecen este pánico del día a día.


No uses escotes, mucho menos faldas, hay que pasar desapercibida ante todas las miradas.


Camina más rápido, camina sin mirar atrás, toma el primer bus, entra a la primera tienda, mantén siempre a la mano tu gas pimienta.


Pareciera una pesadilla que nunca acaba, ni al llegar al bus, ni a casa, mi verdugo se encuentra en todas las paradas.


¿Quién será aquel que nos atosiga en cada esquina? ¿Será que no se cansa? ¿O qué acaso no le importa herir a una niña?


Es el enemigo colectivo, se llama misoginia, hijo del patriarcado nuestro pan de cada día.

Dame la mano hermana, caminemos juntas, de noche o de día, autodefensa feminista.

¿Por qué tu abuelita está tan cómoda con “lo que le tocó hacer»?

|Por Emely Arroyo|

Durante tu convivencia con tu abuelita pudiste notar que siempre quería limpiar la casa, lavar la ropa y hacer de comer. No te quedaba claro por qué tenía esos hábitos, pero te confundía que ella se apropiara de las labores del hogar a pesar de tú querer hacerlos sola. Un día conociste la más básica conceptualización de “sistema patriarcal” -entendiendo a esta como el sistema de organización social donde el varón es la máxima autoridad- y relacionaste su forma de vivir con la convivencia que tenía con su esposo y sus hijos. Te acordaste de que siempre les cocinaba, después les servía la comida en un plato limpio, llenaba vasos de agua o cualquier bebida con azúcar y se los llevaba hasta la mesa, donde ellos casi tronaban los dedos. 

Entonces entiendes que ella vivió en un ambiente donde a las mujeres se les valoraba solamente- a través del “quehacer” -como le dice abuelita Luz al trabajo del hogar. Tus ganas de hacerle ver que vale más que su productividad -en el hogar- se van al carajo porque ella disfruta y defiende la chamba que le tocó hacer desde chiquilla, la dignifica a pesar de que se le impuso y aunque para ti refleje un sistema de creencias basado en la dominación masculina. 

Luego llega un día donde tienes muchas revelaciones, te quiere explotar la mente por tanta cosa que se contradice y quieres cambiar, pero no puedes. Le dices a tu abuelita: “Es que no me gusta que me sirva el plato, no me gusta pensar que usted me sirve”, y ella te contesta: “Eso es lo que sé hacer, hija. No puedo cambiar porque así crecí y es lo único que hago a mis ochenta y ocho años”. Entonces encuentras paradojas muy complejas porque, por un lado, tú quieres que ella cambie y se valore a sí misma de otras formas más allá de su productividad en el hogar y, por otro, ella se siente importante cuando hace labores de ese tipo y hasta la hacen feliz.

Te enojas, te enojas, te enojas, te enojas. 

Lloras, lloras, lloras, lloras. 

Te duele, te duele, te duele, te duele. 

No entiendes, no entiendes, no entiendes, no entiendes. 

Te vas contra ella porque, según tú, no llega a comprender que la han hecho sumisa. Muy molesta, y casi culpándola, le dices: “¡Déjeme de servir el plato, por favor! ¡Ya no lave los trastes, por favor! ¡Ya no limpie siempre, por favor! ¿Por qué lo hace? ¡Ya no lo haga!” Y ella dice: “¡Solo así siento que sirvo! Si no hiciera esto ¿entonces qué haría?” Y vuelven a hacerse visibles las paradojas que han existido por siglos y siglos en este mundo caótico, el cual te ha enseñado que lo lógico es lo válido y lo único que debe respetarse es lo que no contiene contradicciones. 

Vuelves a sentir que te tiran todo tu pinche recorrido por el feminismo, que tus posturas políticas se hacen trizas si cedes ante una de sus atenciones o expresiones de amor -generadas por el patriarcado-, porque te vas a contradecir. Después se te humedecen las manos, sientes el cuerpo ardiendo, no sabes si está temblando o es tu cuerpo lleno de ansiedad, se te hincha la boca de tanto llorar y no entender:

¿POR QUÉ TU ABUELITA ESTÁ TAN CÓMODA CON “LO QUE LE TOCÓ HACER”? 

Después de unos días, ya que se te ve más calmada, se acerca nuevamente abuelita Luz y te dice: “¿Te sirvo de comer lo que hice ayer en la noche?” Tú, después de haber estado perturbada por la situación y no saber qué hacer, aceptas. Finalmente, entiendes que sus actos tienen carga ideológica, pero que el culpabilizarla o enojarte solo con ella (por no cambiar la forma en que ha vivido y se ha percibido a sí misma) es caer en la trampa del sistema, el cual invisibiliza las injusticias de vertiente estructural y las vuelve algo individual. Por fin, después de días de sentirte mal y no saber si estás haciendo lo correcto entiendes que debes dignificar su forma de expresar amor, aunque choque R O T U N D A M E N T E con la tuya.